Publicado el 16 de Marzo de 2017, Jueves Lourdes Paredes Cuellas
Opinión - Si alguien espera una rajada en toda regla por la sentencia del caso Noos, la lleva clara, no me voy a arriesgar, vaya a ser que tuviera que defender mis puntos de vista ante un tribunal y no tengo la economía como para pagar una defensa, ni ganas de darme un paseo por juzgado alguno.
Pero sí, nuestras libertades y derechos se vienen conculcando desde hace unos pocos años. El derecho al trabajo, a una vivienda digna, a unos servicios públicos que sean públicos y de calidad (que para eso pagamos impuestos) y, por qué no decirlo, el derecho a la libertad de expresión.
Verán ustedes, en la era digital, gracias a las redes sociales, las opiniones vuelan, estamos en un patio de vecinos global y eso tiene sus consecuencias. Los estados se han dado cuenta de que tienen que ejercer control sobre esos nuevos medios de comunicación de masas -los tradicionales están a buen recaudo-, si bien unos estados ejercen el control con más disimulo y otros con menos. Evidentemente, como esto se va a publicar, dejo a la imaginaión de los lectores a qué estados me estoy refiriendo, porque, en efecto, tienen poder coactivo y un pobre pelanas como yo bastante tiene con buscarse la vida como para además buscarse problemas.
Pero no sólo son los estados. Miren, soy de los que creen que la libertad de expresión es algo básico, sobre todo mientras que las ideas que se expongan lo sean en buena forma y bien argumentadas. Hay argumentos con los que discrepo profundamente, pero si me los defienden bien, si las bases de su razonamiento están formuladas de manera sólida y con un mínimo de educación, lo menos que puedo hacer es escucharlas. Tengo la impresión muchas veces de que soy un elemento aislado, tal cual Íker Jiménez en sus reflexiones y debates en los medios en los que participa. Pues sí, soy de los que disfruta viendo a altas horas de la noche el programa de este señor y lo que más me agrada es su manera de conducir los debates y, sobre todo, sus reflexiones al final de cada emisión. En numerosas ocasiones mis puntos de vista difieren de los del señor Jiménez, pero no por ello dejo de escucharlo, me causa la impresión de que -acertados o no sus puntos de vista en relación con los míos- los defiende de tal manera que se merece respeto. Ese respeto a la opinión ajena (en este pobre país nuestro) es la excepción que confirma la regla.
En España tenemos la fea, feísima costumbre, de transformar las discrepancias en luchas personales y de ahí a la descalificación, denigración y público escarnio, ya no de las opiniones, si no de las personas. Un paso que, lamentablemente, mucha gente está dispuesta ha dar.
Dicho esto, en esta sociedad nuestra primisecular hay tabúes en cuanto a las opiniones como los ha habido siempre entre los seres humanos, pero no sólo eso, hay persecución de todo el que discrepa -nada nuevo bajo el sol-. Hay persecución social. Ya dije que los estados -que posiblemente sean en el fondo los que menos persiguen- ejercen coacción de acuerdo a las leyes, pero mucho peor, incomparablemente más dañina, es la persecución por parte de los "iluminados" e "iluminadas"de toda clase, tendencia y condición contra aquellos que ponen sus verdades absolutas en tela de juicio. ¿Saben por qué lo hacen? Por miedo, miedo a quedar en ridículo, miedo a tener que replantearse sus propias creencias dogmáticas, miedo por topar con alguien mentalmente más agudo, miedo a perder su estatus en un colectivo, miedo en definitiva, ante alguien que saben que es más fuerte que ellos y ellas.
Si alguna vez se han sentido coaccionados y desprotegidos por sus opiniones frente a la jauría humana, aún sabiendo que muy posiblemente fueran correctas, enhorabuena, bienvenidos al club de los que piensan por su cuenta, de los que gozan de libertad, aunque sea para sus adentros.
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