Publicado el 15 de Octubre de 2013, Martes
Opinión - El título del artículo puede sugerir
que servidor es seguidor de una secta satánica, pero me temo que les voy a
decepcionar si esperan una descripción morbosa y lacerante de ritos paganos.
Cuando digo que creo en el mal es
porque veo la maldad a mi alrededor, en mis semejantes, en estos primates
faltos de pelo que venimos a ser los humanos. Nuestra especie es la única que
hace el mal por gusto ¿Han visto algún animal que agreda a otro sólo por el
placer de verlo sufrir? No, no señor, eso es privilegio nuestro.
Podemos hacer el mal por muchos
motivos: placer, envidia, codicia, sed de poder, ambición, sexo, miedo… Hacemos
el mal a nuestros semejantes, a otras especies y a la naturaleza por esos motivos
precisamente. Alguno me puede decir que hay especies agresivas y con alguna
clase de “sociedad” por así decirlo, pero les puedo asegurar que, por ejemplo,
los lobos sólo se hacen daño, sólo se agreden, por meros motivos de
supervivencia, porque no son capaces de solventar sus conflictos y disputas por
otros medios, sencillamente porque carecen de una capacidad racional lo
suficientemente avanzada como para hacerlo, luego no son plenamente conscientes
de sus actos como somos los humanos, no pueden distinguir entre el bien y el mal, distinguen entre placer y dolor y poco
más.
Pero los humanos sí tenemos claro el
concepto del bien y del mal, es algo original e inherente a nuestra especie,
pero ahí es donde reside el drama de la humanidad: sabiendo que se puede hacer
el bien, la mayoría de las veces hacemos lo contrario y eso es simplemente
vergonzoso.
Voy a ponerles unos cuantos ejemplos de
la maldad humana. Cuando somos niños o adolescentes nuestra maldad es primaria,
es por miedo, miedo a quedarse fuera del grupo protector, cuantas veces no
habremos oído hablar de casos de acoso escolar o los habremos presenciado,
cuantas veces no habremos visto como el típico matón de clase agrede de obra o
de palabra al pobre o la pobre de turno que ha sido declarado “raro” por no se
sabe que “glorioso” motivo. Ellos agreden y el resto calla por miedo o porque
son tan necios que creen que a ellos no les puede tocar. Los que callan y son
conscientes de que ese tipo de conductas son hacer el mal no actúan y después
en silencio procuran olvidar o sienten vergüenza. Una minoría hace el mal y el
resto calla, deja hacer. Cuando llegamos a adultos eso no cambia, sino que
empeora. ¿Saben lo que decía Hitler? Que los judíos no le importaban a nadie y
que eran el chivo expiatorio perfecto para aglutinar al pueblo alemán, eran los
raritos, los distintos, eran el mal (menuda contradicción). Resultado, seis
millones de muertos.
También podemos hacer el mal por
envidia y por codicia, sí por esos dos motivos, además miren por donde ahora
tenemos un ejemplo a mano. Siria, el lugar donde se dirime una disputa a varias
bandas, donde confluyen intereses petroleros e ideológicos, donde se enfrentan
las multinacionales a la caza y control de recursos energéticos (Occidente y
Rusia), chiítas y sunnitas por el predominio ideológico en el mundo árabe e
islámico e Israel por sus ansias de expansión en la zona. Todos ellos actúan o
por envidia o por codicia: Israel quiere seguir controlando el agua de los
altos del Golán, Rusia quiere impedir que se abran nuevas rutas gasísticas y
petroleras vía Cáucaso-Turquía-Siria-Líbano para seguir manteniendo el
monopolio de distribución del gas de las ex repúblicas soviéticas de Asia
Central, los occidentales quieren arrebatar dicho monopolio a Rusia (ya lo intentaron
en Afganistán y en Georgia) porque desean asegurarse el suministro y hacer
negocio, los saudíes y los qataríes defienden su visión de estados islámicos
sunníes totalitarios frente al modelo chiíta totalitario iraní siendo ambos en
el fondo enemigos de cualquier otra cosa que no sean sus propios fanatismos
religiosos. Poder, codicia, envidia, esos son sus motivos, no se les pasa por
la cabeza compartir, comerciar justamente, ser tolerantes con la ideología del
otro, no, todos tienen intereses egoístas y a todos les importa un bledo la
vida de los hombres, mujeres y niños que mueren a diario en Siria. Todos estos
bloques interesados hacen el mal pudiendo hacer el bien. Todos ellos hacen el
mal en sociedad, como un colectivo humano. El resto de la humanidad calla, como
críos en un parvulario.
Como ven, tengo buenos motivos para
creer en el mal, creer que los seres humanos somos malvados por naturaleza y
que sólo nos contiene de hacer el mal una cosa: el miedo. Miedo a que nos
frenen, miedo a que nos devuelvan el mal que vamos a hacer o hemos hecho, miedo
a una justa y contundente respuesta por parte de los agredidos y maltratados,
pero el miedo nos impulsa a hacer más mal conscientes del mal que ya estamos
haciendo y que nos pueden devolver un día. Como ven, hay buenos motivos para
creer que el ser humano es malvado por naturaleza, como buen depredador que es.
Recuerden, algunos llevan piel de cordero, pero el hombre siempre es peor que
un lobo para el hombre.
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