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FÉLIX SUÁREZ ESCOBAR. Licenciado en Historia
CREO EN EL MAL
Publicado el 15 de Octubre de 2013, Martes

Opinión -

El título del artículo puede sugerir que servidor es seguidor de una secta satánica, pero me temo que les voy a decepcionar si esperan una descripción morbosa y lacerante de ritos paganos.

Cuando digo que creo en el mal es porque veo la maldad a mi alrededor, en mis semejantes, en estos primates faltos de pelo que venimos a ser los humanos. Nuestra especie es la única que hace el mal por gusto ¿Han visto algún animal que agreda a otro sólo por el placer de verlo sufrir? No, no señor, eso es privilegio nuestro.

Podemos hacer el mal por muchos motivos: placer, envidia, codicia, sed de poder, ambición, sexo, miedo… Hacemos el mal a nuestros semejantes, a otras especies y a la naturaleza por esos motivos precisamente. Alguno me puede decir que hay especies agresivas y con alguna clase de “sociedad” por así decirlo, pero les puedo asegurar que, por ejemplo, los lobos sólo se hacen daño, sólo se agreden, por meros motivos de supervivencia, porque no son capaces de solventar sus conflictos y disputas por otros medios, sencillamente porque carecen de una capacidad racional lo suficientemente avanzada como para hacerlo, luego no son plenamente conscientes de sus actos como somos los humanos, no pueden distinguir entre el bien y  el mal, distinguen entre placer y dolor y poco más.

Pero los humanos sí tenemos claro el concepto del bien y del mal, es algo original e inherente a nuestra especie, pero ahí es donde reside el drama de la humanidad: sabiendo que se puede hacer el bien, la mayoría de las veces hacemos lo contrario y eso es simplemente vergonzoso.

Voy a ponerles unos cuantos ejemplos de la maldad humana. Cuando somos niños o adolescentes nuestra maldad es primaria, es por miedo, miedo a quedarse fuera del grupo protector, cuantas veces no habremos oído hablar de casos de acoso escolar o los habremos presenciado, cuantas veces no habremos visto como el típico matón de clase agrede de obra o de palabra al pobre o la pobre de turno que ha sido declarado “raro” por no se sabe que “glorioso” motivo. Ellos agreden y el resto calla por miedo o porque son tan necios que creen que a ellos no les puede tocar. Los que callan y son conscientes de que ese tipo de conductas son hacer el mal no actúan y después en silencio procuran olvidar o sienten vergüenza. Una minoría hace el mal y el resto calla, deja hacer. Cuando llegamos a adultos eso no cambia, sino que empeora. ¿Saben lo que decía Hitler? Que los judíos no le importaban a nadie y que eran el chivo expiatorio perfecto para aglutinar al pueblo alemán, eran los raritos, los distintos, eran el mal (menuda contradicción). Resultado, seis millones de muertos.

También podemos hacer el mal por envidia y por codicia, sí por esos dos motivos, además miren por donde ahora tenemos un ejemplo a mano. Siria, el lugar donde se dirime una disputa a varias bandas, donde confluyen intereses petroleros e ideológicos, donde se enfrentan las multinacionales a la caza y control de recursos energéticos (Occidente y Rusia), chiítas y sunnitas por el predominio ideológico en el mundo árabe e islámico e Israel por sus ansias de expansión en la zona. Todos ellos actúan o por envidia o por codicia: Israel quiere seguir controlando el agua de los altos del Golán, Rusia quiere impedir que se abran nuevas rutas gasísticas y petroleras vía Cáucaso-Turquía-Siria-Líbano para seguir manteniendo el monopolio de distribución del gas de las ex repúblicas soviéticas de Asia Central, los occidentales quieren arrebatar dicho monopolio a Rusia (ya lo intentaron en Afganistán y en Georgia) porque desean asegurarse el suministro y hacer negocio, los saudíes y los qataríes defienden su visión de estados islámicos sunníes totalitarios frente al modelo chiíta totalitario iraní siendo ambos en el fondo enemigos de cualquier otra cosa que no sean sus propios fanatismos religiosos. Poder, codicia, envidia, esos son sus motivos, no se les pasa por la cabeza compartir, comerciar justamente, ser tolerantes con la ideología del otro, no, todos tienen intereses egoístas y a todos les importa un bledo la vida de los hombres, mujeres y niños que mueren a diario en Siria. Todos estos bloques interesados hacen el mal pudiendo hacer el bien. Todos ellos hacen el mal en sociedad, como un colectivo humano. El resto de la humanidad calla, como críos en un parvulario.

Como ven, tengo buenos motivos para creer en el mal, creer que los seres humanos somos malvados por naturaleza y que sólo nos contiene de hacer el mal una cosa: el miedo. Miedo a que nos frenen, miedo a que nos devuelvan el mal que vamos a hacer o hemos hecho, miedo a una justa y contundente respuesta por parte de los agredidos y maltratados, pero el miedo nos impulsa a hacer más mal conscientes del mal que ya estamos haciendo y que nos pueden devolver un día. Como ven, hay buenos motivos para creer que el ser humano es malvado por naturaleza, como buen depredador que es. Recuerden, algunos llevan piel de cordero, pero el hombre siempre es peor que un lobo para el hombre.

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