Publicado el 16 de Julio de 2014, Miércoles Lourdes Paredes Cuellas
Cultura - Escribir con renglones curvados para no ser acusado de plagio. Escuchar con
oídos sordos al resplandor de sonidos no deseados. Tocar el filo de las cosas
sin llegar a rozarlas. Mirar al vacío lleno de odio. Acción, coacción,
reacción. La cadena de la vida, sin más ni menos que añadir. Una de dos: o
entramos o salimos, o buscamos la evacuación inmediata o despegamos sin exceso
de equipaje. ¿De dónde podríamos sacar la pizca de cordura necesaria para
entender todo lo que queda? El camino andado es duro, el aún por andar violento
e incierto. Bastaría con que nos dejasen circuncidar a nuestros males para que
los engendros por conocer superasen a los ya familiares. Acostumbrarse no está
tan sobrevalorado como debería, antes deberíamos echar la vista atrás y borrar
el barro de nuestros zapatos antes de hacer el próximo trasbordo de bienes.
Queda traspasado el cofre de nuestros deseos, el baúl de vuestros lamentos, la
cómoda de sus sospechas. Inaugurado el nuevo orden, cualquier cosecha anterior
caerá inevitablemente en barbecho. Ubérrimas tierras que añoraremos, apiadaos
de toda esta cochambre.
Administrar los insultos para no ser tachado de incrédulo. Aumentar la
cuenta corriente sin piedad ni vergüenza. Saltar la valla de la desigualdad.
Escudriñar con el máximo descuido las cosas que más nos importan. Ensayo,
prueba, error. El sentido hay que buscarlo treinta mil páginas más adelante,
justo antes del final y antes del deceso. Finados los mandamases, manda mal el
que peor quiere. De perdidos al mar, dejemos al río con sus migraciones y sus
problemas, ya tenemos lo que tanto trabajo nos costó conseguir. Mal que nos
pese, no hay pan para tanto pobre diablo ni alma cándida a la que no ponga
precio el maligno. ¿Cuál es el mío, el suyo, el de cada uno de vosotros? Tábanos
incompatibles, inducidos a la catatonia por centurias de desatino tras
desatino. La historia pondrá a cada uno en su lugar con ilustraciones en papel
satinado y colores sepia. Los tonos pastel que nos desubiquen cuando quede el
tiempo suficiente suplirán el viento que una vez nos arrastró a favor de
corriente, donde siempre y nunca debimos estar. Referéndums de estraza,
recolectas en una pésima vecería, fumatas blancas olisqueadas a miles de
kilómetros. Estafas, secretos y merodeos por doquier. Beneficios orientados en
la misma dirección, el daño de nunca acabar.
Mentir con mentiras de verdad para no ser calificado de incongruente.
Recuperar la fe. Invertir en fondos sin crédito. Asegurar a todo riesgo la
muerte. Silenciar, murmurar, incapacitar. A todo esto, la abeja reina se ha
reconvertido en amamantadora de especies en extinción, a ver cuál es la cátedra
que incluye todo eso en el temario. Y claro, luego habrá que estudiarse el
grueso del proceso tal cual se nos presente, mondo y lirondo y sin posibilidad
de repercusión alguna. Grandes prohombres se definieron con mayores pronombres.
Líderes del mundo, uníos y no preguntéis la causa, ya saben que nos dejaremos
llevar de igual forma. Las protestas ya se han cansado, no hemos programado el
despertador y nuestras pantallas nos mantienen alelados respecto a otra alerta
que no sea la de la próxima actualización. De qué serviría cansarnos más, para
qué oscuros propósitos nos programarían, con qué alimentarían nuestra
ignorancia. Si sabes correr en la dirección opuesta, hazlo en la contraria. Si
tienes tiempo de recordar, olvida todo lo que puedas. Si vuelves a salir, no
intentes entrar. Solo coloca la primera piedra y derrumba con tus pasos la
barrera, ladrillo a ladrillo. Sed de sedación, lo que todos esperaban y nadie
entendía. Lo máximo y lo mínimo, los extremos de las cantidades más ingentes.
Ordenados, por favor, desfilen en fila india y con la mente en blanco.
Por si no os habíais dado cuenta, habitamos un estado feble y endémico que
se retroalimenta de su propia locura. No hay tiempo ni ganas de cambiar las
cosas, pero el cebo es inversamente proporcional y crece con cada nuevo tirón
de la caña. ¿Es la esperanza que por fin ha decidido mostrar su extraña
pirueta? Puede que sí, pero lo tendremos que demostrar por nosotros mismos. Por
esta vez me vais a perdonar la confianza, no era mi intención firmar el ingreso
de nadie en este parnaso particular al que normalmente está vedada la entrada a
economías de ánimo sumergidas. Invertid en ilusión y volved mañana con los
formularios debidamente rellenados. Cuando alcancéis la séptima ventana, octavo
pasillo a la derecha, nueve funcionarios furiosos os mostrarán la puerta a la
décima dimensión, en la cual os alejaréis definitivamente de todo comienzo
esperanzador. ¿Lo captáis? Yo hace tiempo que lo hice, y por esa y otras
razones inconfesables me confieso carente de razón para seguir razonando a
gusto. Con todo el disgusto que soy capaz de reunir, puedo afirmar y afirmo que
no estaré aquí para leer la siguiente acusación. Plagiador, dominado por la
incredulidad y casado con la incongruencia. Así me volveréis a encontrar cuando
el jergón se vista de fiesta. Aunque presiento que pasará mucho tiempo antes de
eso. Más bien toda una eternidad.
Disco del mes: León Benavente
“Todo cae, una vez y otra más, sobre el mismo lado, para equilibrar”
‘El día’, Cosmen Adelaida (El Genio Equivocado, 2011)
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