Publicado el 20 de Julio de 2020, Lunes Lourdes Paredes Cuellas
Opinión - Desde el primer momento en el que la pandemia empezó a arrasar nuestro país, a nivel de salud, laboral y económica, se comentaba que iba a sacar lo mejor de cada uno de nosotros, pero ya con la vuelta a la nueva normalidad, se pone de manifiesto que tiempos pasados fueron mejores.
Se ha visto la incompetencia política, la falta de altura de los políticos (de todos los colores), pero se ha institucionalizado, los desastres en nuestro país como arma de desgaste político, ya se llamen 11m, GAL, yak42, Covid, no importa el nombre pero si el fondo, porque la incompetencia y falta de apuestas políticas, no dejan otra cosa que la ideología como principio de marketing político.
Se ha puesto en la palestra que quién es buena gente o buena persona, sigue siéndolo, durante esta etapa ha permitido que los buenos sean reconocidos, pero dejemos de ser demagogos y decir que esto nos ha hecho mejores, no. quien era un "malaje" va a seguir siéndolo, quien nace lechón muere cochino. Quien no tiene respecto al prójimo no se pone su mascarilla, se reúnen 25 personas en una piscina o montan un real fiestón en mitad de la Pandemia. Podemos comprobar que las cosas han cambiado que el bueno ya no es tonto, que ya es crítico y ve todo desde los cristales del escepticismo.
En este país hemos visto que si hay gente esencial, como las fuerzas y seguridad del Estado, los militares, aquellos que han seguido sirviendo productos esenciales, aquellos que nos han dado de comer trabajando en los supermercados y como no, los sanitarios de este país, que no sólo son los más preparados, sino que tiene una altura moral y humanista por encima de límites insospechados hasta la extenuación.
Aunque muchos piensen que "este país no es para viejos", porque han hecho poquito por ellos, dejándolos morir como si fuera un experimento transhumanista, le diría que ellos son los que han criado y crían a nuestros pequeños, lo que nos han hecho lo que somos, nos han enseñado y le dieron a nuestros padres y a nuestros hijos lo mejor, más que un minuto de silencio, se merecen 100 años de reflexión.
No queda otra que la sociedad, debe aprender de aquellos que son buenos, de los políticos que se han crecido en esta pandemia a nivel social, personal y profesional alejándose de los político, que nuestros abuelos nos dieron y siguen dando lo mejor de ellos, que tenemos profesionales en nuestro país que no nos los merecemos y para finalizar dejemos a un lado la nueva normalidad, y empecemos una nueva vida llena de ética, moral y sobre todo de empatía.
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