Publicado el 15 de Diciembre de 2015, Martes Lourdes Paredes Cuellas
Opinión - Que vivimos en un mundo hipócrita donde hallar la verdad es una quimera, creo que es algo que pocos pueden negar. Pero a base de tanto relativizar, nos acaban dando gato por liebre las más de las veces.
¿A qué viene todo esto? A cuenta de la barbaridad que ocurrió en París en Noviembre. Lógico y normal que nos parezca una barbaridad en nuestro relativamente pacífico Occidente que aparezcan un grupo de tipos armados con AK-47 y se líen a tiros por las buenas contra gente indefensa. Pero, digo yo ¿Por qué nos parece normal que estas mismas cosas ocurran en otras partes? A ver, veamos, para que quede claro que nadie es manco. Iraq, de 2003 en adelante, marines, soldados y mercenarios campado a sus anchas en un país que -si bien por medio de la represión- hasta la fecha había vivido en calma. Sí, en Iraq había paz: los niños iban al cole, los hospitales más o menos funcionaban, los puentes y las carreteras estaban en su sitio y sin conductores con una tonelada de explosivos en el maletero, en fin, algo más o menos normal (con todas las pegas que se le puedan poner a ese adjetivo).
Un día, de buenas a primeras, un presidente con otros dos colegas (uno con bigote), deciden que hay que terminar con eso, con la más o menos pacífica vida del iraquí medio. A ver, hacía poco que en Estados Unidos habían pasado por un bache económico con la explosión de la burbuja financiera de las punto com. Había que crear puestos de trabajo, había que mover otra vez la economía y, como la industria manufacturera la habían deslocalizado a China, sólo les quedaba la de tecnología punta, la de alto valor añadido, pero es que en ese campo le hacían la competencia alemanes y japoneses. ¿Qué hacer? Montar una guerra. Un ejército en campaña necesita de todo y, sobre todo, bienes de equipo bastante caros que no vas a ir a comprar fuera si los fabricas tú mismo. Así que, nada a Iraq se ha dicho. Desde entonces, nos hemos acostumbrado a ver como en esa parte del mundo allanan viviendas, la gente vuela por los aires y los marines se meten en casa de cualquier pobre desgraciado y le pegan dos tiros. Sí, los marines, el Army o los mercenarios armados hasta los dientes han ido pegando tiros por la calle y matando, la mitad de las veces, si no más, a gente absolutamente inocente, los llaman, "daños colaterales fruto de la lucha contrainsurgente". El término queda muy técnico y muy fino, pero en el fondo son hombres, mujeres, niños y ancianos que sin comerlo ni beberlo se han visto envueltos en un marrón de tres mil pares. Vaya, mira tú por donde, como los fallecidos en París o en Madrid el 11-M.
Eso sí, nos llevamos las manos a la cabeza cuando nos lo hacen a nosotros, a los occidentales, pero cuando son los occidentales los que van por ahí repartiendo leña, aquí no se dice ni mu. ¿Y eso por qué? Porque la guerra es un negocio que mueve millones, que tira de las economías y que da de comer a mucha, pero que mucha gente, directa o indirectamente, además de hacer más ricos a los que ya lo eran, para más remate a costa de dinero público. El occidental medio, es un desgraciado, pues sí, tan desgraciado como esas otras personas corrientes que se tragan una guerra en casa. Te lavan el coco para que apoyes las guerras de agresión (una forma de terrorismo más) de los tuyos, te mandan al frente, te cobran impuestos para pagar las guerras, haces más ricos a los que en tu tierra te pisan el cuello y para colmo de males te pueden volar por los aires o acribillarte a tiros la gente te ha tenido que aguantar eso mismo vía gobiernos occidentales con las "intervenciones por la paz de la comunidad internacional".
En fin, que creo que aparte de horrorizarnos de cuando hay atentados en casa deberíamos hacer algo más por la paz mundial, simplemente con impedir que nuestros gobiernos occidentales y grandes empresarios vayan creando más fanáticos desesperados por ahí, habría de sobra. Pero para hacer eso hay que cambiar a los que gobiernan, es decir, hay que impedir de una vez por todas que los magnates, oligarcas y demás ralea a su servicio tengan el poder, pero para eso con unas elecciones no basta, para eso, hay que cambiar el sistema de una vez y a eso, me temo que la gente, la mayoría, con sus cabecitas bien lavadas desde la cuna, le tiene tanto miedo como al terrorismo. Pero hay que elegir, un miedo u otro, o te rebelas o acabarás mal de una forma u otra. Eso sí, una cosa está clara: con resignarnos y meter la cabeza debajo del ala como hasta ahora, no iremos a ninguna parte.
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