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Cultura
Hoy es Lunes, 01 de Abril de 2024
POR J.J. CABALLERO
DESDE EL JERGÓN
Publicado el 16 de Septiembre de 2014, Martes

Lourdes Paredes Cuellas

Cultura -

Donde quedó el brillo de la conciencia. Ahí, en ese punto oscuro del camino, en el recodo mínimo en el que acuñamos nuestros nombres y apellidos como señal de hipotética prosperidad, nos atrapó el brío de la incontinencia y devolvimos las deudas pagadas a contramano. El mendigo de la esquina, antaño ataviado con traje y neceser de ladrón, solo musita palabras de alabanza hacia quienes lo conminaron a desintegrarse entre la maleza de la intemperie. Ahora resquebrajamos la propia templanza para atisbar algo más allá, hacia el imperioso cirro del atardecer futuro, donde bancos abiertos de por vida nos aguardan para reclamarnos lo que nunca fue nuestro y fue empeñado sin consentimiento alguno. Convidados de piedra. Invitados a la despedida de un mundo despiadado. Maniatados y libres a la vez. Mencionados en comentarios de extraños incapaces de expresarse con coherencia. Olvidados por la fecha que nos alumbró en el calendario. Seriados, anestesiados y mal acompañados.

Antes de enviar el postrer imprimátur, debe permitirse una penúltima queja. No estamos solos en esta diáspora brutal. Empezamos a pergeñar las líneas del testamento en vida y a solucionar los problemas derivados de las malas gestiones de todo testaferro. A quién dedicar la nueva alegoría es el menor de ellos, como puede serlo el pulsar las teclas mayúsculas dirigidas a alguien que no existe ni jamás existirá. El legado de quien nunca acaparó más que sus propias palabras no debería mostrar síntomas de arrepentimiento en manos algunas, ni aunque se apropiaran de un sentimiento que no les pertenece. Métanse en sus propios asuntos, dirijan sus repugnantes negocios y no piensen por quien no les corresponde. Les ayudaré desde el altavoz que me proporciona el eco de predicador en el desierto. Tomen las debidas precauciones, afinen los tímpanos y echen mano del dictáfono en caso de que su réplica pretenda ser escuchada. No lo repetiré una vez. Ni varias. El esfuerzo no se paga con su desprecio, sino con venganza.

Lejos del transcurrir de los siglos, el hombre postmoderno encontró otras vías de adaptación al medio, y ninguna de ellas pasaba por la escucha de murmuraciones ni otras formas de extravío. Sería paradójico, en todo caso. Y enfermizo a partes iguales. Cada uno en su lugar, que cada cual sea cada tal para cual y cualesquiera que sean sus males, tengan tales remedios. A menos que sepan reparar sus errores y subsanar sus culpas, no pisen el pie que camina a su mismo paso por si tienen que seguirlo algún día. No se muestren ignavos o la apisonadora les pasará por encima en su inmaculado poder de extinción por los siglos de los siglos. Los dinosaurios de nuestro tiempo no son tan fuertes. Entran ganas de cogerlos y darles su merecido, sin esperar la sentencia ni el prisma revelador que pretende poner las cosas en el sitio que no les corresponde. Estupideces de un tiempo estúpido. Gente abollada y luces en la ciudad. Males que no son iguales para todos. Contradicciones subterráneas conectadas en el mismo centro de la contradicción. Sabiduría y miedo.

Dicen que desde el jergón solo se pueden escuchar canciones tristes y lamentos inconsistentes, y puede que tengan razón. La tristeza todo lo puede, es eso y nada más. Pero no es gris todo lo azul, ni negro todo lo que reluce, y también existen apliques que pueden iluminar las paredes con bombillas de bajo consumo. Con la delicuescencia habitual y creando el perfecto ambiente para leer las líneas ocultas a las que debería prohibirse el acceso sin derecho a revoque. No podría utilizar ciertas intenciones en otro sentido que no fuera el de no pensar más de un segundo en la misma cosa. Eso también lo dicen, que aquí casi no vive el sol, que no hay ventanas y que las cortinas son aún más oscuras que el interior. La realidad te salpica, deletérea y cruel. Dejémoslo todo como está.

Es una cuestión de genes. No hay canas suficientes ni bolsas en los ojos del peso necesario para epatar con milongas que no vienen a cuento. Las medidas tampoco son las correctas. Más largo que ancho, acceso no permitido. Más ancho que largo, proceso completado. El carácter atrabiliario, gentil cuando procede, se torna más a mano en cuanto llega la hora del final. Los brazos del reloj de sol se abren acogedores y la merienda de negros como último plato parecen ser el objetivo marcado desde la mesa del desayuno. Todo lo que incluye este florilegio anárquico y de diversas procedencias empieza a mostrar consistencia, cayendo en la tentación de lo mundano y pasajero, adquiriendo rasgos de temeridad, sabiendo menos cada vez y por lo tanto formando parte de la mayoría que grita de puertas para adentro. Este es el gran triunfo, el de la lucidez que nos transforma, nos hace más fuertes y se acuesta con nosotros con la esperanza de que, al amanecer, su cuerpo y su mente estén por fin satisfechas. Al infierno con nuestra propia autoestima.

 

 

 

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