Publicado el 17 de Junio de 2019, Lunes Lourdes Paredes Cuellas
Opinión - Rajar, el deporte nacional, por encima si cabe del fútbol (sobre el que también se raja), todo el mundo opina, todo el mundo sabe. La verdad es que después de una buena rajada es como quitarse un peso de encima, como si, en la desdicha (supuesta o real) surgiera un sentimiento de alivio, de hermandad, un calmante para los nervios que deja la angustia en un segundo plano y es mejor que cualquier ansiolítico.
Se raja del trabajo, de la pareja, de cómo está el pueblo, de cómo está el país. Resultado: hay una válvula de escape y…mucha pasividad de por medio. Una vez soltada la rajada viene el relax y la resignación a lo que hay, es decir, como mecanismo de supervivencia ocasional viene de perlas, pero a la postre un exceso de rajadas lo que provoca es no hacer nada y vuelta a empezar.
En cierto modo es lo que creo que ocurre en la provincia de Córdoba cada vez que hay elecciones, provincia con los índices de participación más bajos del país (o casi). Todo el mundo -menos los ricos, claro- se queja de cómo está esto o cómo está lo otro, pero cuando se les da la oportunidad de cambiar algo: "¿Ir a votar yo? Bah, si eso no sirve para nada, vamos a echar un par de cañas que llevo un día de perros". El caso es que esa actitud lleva a un sin fin de "días de perros" más.
Pero no sólo es la gente, una parte significativa de los políticos tiene parte también de la culpa. Saben cómo está el patio y, en vez de transformar para mejorar, se limitan a gestionar lo que los de antes les han dejado, cuatro cambios mínimos, unas veces para bien y otras para empeorar, el resultado es una sensación de adormecimiento, de continuidad en la línea de siempre sin cambios, de un estancamiento profundo que no lleva a ninguna parte sino a perpetuar el modelo de siempre que, por cierto, está hecho a la medida de los de los afortunados de costumbre a todos sus niveles (local, provincial, regional, nacional y europeo), que para eso son los que desde la trastienda lo controlan todo, primero fomentando la rajada y pasividad de las mayorías y, después, colocando a gente afín en el poder político.
¿Democracia? En esta situación, con todo "atado y bien atado" para que "todo cambie, pero no cambie nada" uno tiene la sensación de que vivimos en una "estafacracia" para la mayoría de la gente, en el sentido de cómo se nos manipula para inducirnos a buscar el alivio inmediato a nuestra penas con una rajada entre amigos y, al tiempo, a no hacer nada para dejar de rajar de una vez y disfrutar de un mundo y una vida un poquito mejores pero poniendo de nuestra parte, siendo más activos fiscalizando lo que desde los poderes se hace. Una oportunidad cada cuatro años es lo más que se nos da y, encima, la mitad de la gente ni la aprovecha. A esas personas que no la aprovechan, después, que no rajen. n
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