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Opinión
Hoy es Lunes, 01 de Abril de 2024
POR ANTONIO MARTÍN
MIRANDO BALCONES
Publicado el 16 de Marzo de 2019, Sábado

Lourdes Paredes Cuellas

Opinión -

Imagina un niño, en tercero de la ESO, unos 15 años. Puede ser cualquiera de los que te cruzas por la calle, por la mañana, cuando va al Instituto cansado después de trasnochar con el FORNITE u otros video-juegos. Imagina, que es un atleta, un portento de la naturaleza, capaz de saltar muy alto y muy lejos. Imagina que domina varios idiomas, sobre todo el francés, el alemán y el inglés, además del propio, claro. Imagina que es solidario, que lucha por mejorar su vida y la de los demás y que no condesciende con la injusticia. 

 

Imagina a continuación que no es español, sino, por ejemplo de Mali. Recorre con él su Odisea africana (el 80% de los migrantes de Mali lo hacen dentro de su continente). Imagina que estás subido a una verja, con concertinas, esas que diseñan excelentes ingenieros de seguridad, a más de 6 metros. Entre el dolor y la rabia, hay tiempo para que en su mirada se pose por un instante un mundo nuevo y vedado. Imagina que cuando se baja, nadie le pregunta su nombre, ni, por supuesto, su edad. Imagina el rostro de ese menor, esposado, tratado como un delincuente, sin poder defenderse ante las autoridades.

 

Imagina, en fin, que el Comité de los Derechos del Niño de Naciones Unidas, gracias al esfuerzo de la Fundación Raíces, por ejemplo, consigue que se condene a España de una manera tajante y directa por saltarse diversos artículos que protegen a todos los menores no acompañados por no protegerlo, no respetar el principio de no devolución aunque corriera el riesgo de sufrir actos de violencia como ponerlo, sin nada, en medio del mayor desierto del planeta.

 

La sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos no deja lugar a dudas: España, en su frontera, no respeta los DDHH de las personas. Suena inimaginable, por cierto, pero este es nuestro país, a nuestro pesar. Qué triste saber que los niños con los que nos cruzamos cada mañana, cuando van al Instituto, pensarán que somos unos impresentables por ondear en los balcones una bandera como la nuestra, mientras Europa la pone a caldo.

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