Publicado el 15 de Octubre de 2016, Sábado Lourdes Paredes Cuellas
Opinión - Como el propio nombre dice todo tiene dos caras de la realidad, y la llegada de la gran afamada serie de Juego de Tronos a nuestra querida España, así lo de muestra. Hace unos días en la tierras del señor feudal de Almodovar del Río, tuvo lugar el casting de extras para protagonizar algunas escenas para dicho serial.
Desde tempranas horas, para algunos eran la noche anterior, ataviados con sus sillas, víveres y ganas inmensas para formar parte de este gran proyecto cinematográfico. Hombres, solo hombres cuestiones del guión, formados en las artes de la milicia, con cuerpo ajustado a dicha empresa, y en este caso de un ejercito de hombres de altura.
El hecho es sencillo, al más estilo de la voz, muchos no pasaban las pruebas, entendiéndose que ésto es un elemento clave para hacer el efecto más cinematográfico, más propenso para escenas de alto elemento poético; al fin al cabo, lo que requiere un guión de los más complejo ajustado a la saga literaria.
En éste ensayo, no quiero hacer reflexión del hecho concreto, sino los elementos intrínsecos que conlleva. Por un lado debemos estar con la satisfacción plena, de recibir el rodaje en nuestras fronteras de una serie que aglutina semanalmente en los sofás a más de 19 millones de personas, es un auténtico efecto arrastre para nuestro Turismo, no sólo por la presencia de sus actores o elenco de producción, sino que ello conlleva una invitación a visitar grandes elementos arquitectónicos que podemos disfrutar en España.
Por otro lado, y aquello que nos debe preocupar es la gran afluencia de hombre de 18 a 50 años, los cuales la mayoría no tenían empleo. Jóvenes que tienen truncadas sus carreras profesionales, jóvenes que siguen en eterna formación, hombres que tras dedicar muchos años a su profesión se ven abocados a una situación sin igual. Como coloquialmente se dice "la cosa tiene mandanga". Un elemento que demuestra que no sólo hay crisis, sino empresa que no se fían de lo que puede venir, políticos que no se comprometen con la sociedad que los ha votado, al fin y al cabo un eterno cúmulo que los que más lo sufren son los menos culpables.
Turismo y empleo, dos condiciones para un hecho concreto, por lo que cabe destacar que necesitamos exportar los emplazamientos que tenemos, la cultura y gastronomía que tanto nos caracteriza, sobre todo sin olvidar a los grandes profesionales que tenemos en nuestra querida España.
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