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Cultura
Hoy es Viernes, 20 de Septiembre de 2019
POR J.J.CABALLERO
DESDE EL JERGÓN
Publicado el 17 de Junio de 2019, Lunes

Cultura -

Cuando el sol sale todos los gatos dejan de ser pardos y se les eriza la piel. No hace frío suficiente para congelar el alma de animales y humanos, y el viento se calma en los pináculos del recuerdo más triste. Unos tiempos mucho peores y sin embargo tan cercanos, amarrados al rincón oscuro de la mente en el que se pudren los nuevos anocheceres, al ritmo de la luz que se marcha, que se marchita, que se apena, que se arena, que se mece y se cuece a cada renovado resplandor. No se lubrifica el escenario de la confusión, se pontifican los corolarios de la fabulación. Si nadie comprende lo que uno quiere decir ni se esfuerza por mirar más allá, donde se caen las orejeras de burro y pocos encuentran el camino de vuelta a la confianza en sí mismos, es una especie de mal presagio, un símbolo negro que marea, más que marca, el regreso a la tierra de nunca jamás. Jamás, nunca, después, apenas, entretanto, por consiguiente… El penoso paso del peso de la pena.

No, no todo es tan ruin. Hay sombra entre rayo y golpe de calor, mientras te arrimas a la hoguera de pavesas a la que otra vez eres bien recibido, bebiendo la copa de otro que no eres tú porque nunca te dieron la oportunidad de serlo. Si volviera a nacer, más de uno renacería y más de otra renegaría, conjugando verbos en constelación de preguntas universalmente reconocidas como incontestadas. Incontestables pero insondables. Inconsolables mas imponderables. Incontrolables ergo inmejorables. Hable ahora o calle como nunca. Exprésese ahora o muera para siempre. No hay término corto ni plazo que cumplir, háganse ingrávidos como la espuma que les rebosa por los dientes con el ánimo de miles de frases no dichas. A la próxima reunión iremos con el brazo cortado y los dedos en el bolsillo del vecino, mirando entre las rendijas de persianas rotas y soñando despiertos con quedarnos solos en medio de la multitud. Si me preguntan, diré que no… El quebrado devenir del quiebro que viene.

Los creadores de la filosofía panteísta se refugiarán en su absoluta totalidad para atribuirle todos los poderes al universo que ellos imaginan. En la supremacía del nuevo orden mundial habrá de todo menos mundo. Mudo y rudo. Cundiendo y fundiendo. Cuarteado y corneado. De todo habrá en la villa del señor del cortijo. O del cortejo, que para el caso viene a ser lo mismo. Nada es real, todos viven en un barco fantasma y andan en espiral sin poder avanzar a un paso mínimamente firme. Un baile de máscaras que acaba al amanecer. Una espiral de sueños frustrados sin condición ni voluntad. Un par de naufragios en las procelosas aguas del engaño. Inasible al desaliento, inasequible a la virtud e inaprensible al pensamiento propio. Del ajeno mejor hablamos otro día. Hacemos cabriolas en el aire helado con el que nos hemos despertado y haremos otras mucho más complicadas cuando llegue la hora de irnos a dormir. Los varones se confunden con los barones, los segundos con los primeros y en general la santurronería con la pasividad. De estos céfiros nacieron infiernos sin estación de servicio, con apenas unos cuantos coletazos de autoridad que los eleven al cielo de los elegidos. Para que nadie se llame a engaño hay que mentir más… El solitario contoneo del contorno de los solitarios. 

Ser víctima de otra deflagración nos exonera de la culpa matadora. Culpables o inocentes, solo las glándulas lascivas podrán inculparnos o absolvernos. Vernos nos hará menos bien. Menos mal que no hay bien que por males no se vengue. Vergas vendrán que nos aplastarán. Plastificará el sentimiento y se refractarán los rayos en nuestra piel la mano más sucia que nos pueda tocar. Esto es una astracanada pero aún no pueden aplaudir. No habrá ningún hiato con el que puedan pasar el rato entre acción y actuación. La verdadera cara solo será descubierta al final del camino, ante el humilladero correspondiente. Inclinaciones de cabeza y ensoñaciones de certeza. Corteza y corazón. Coraza y corrección… La insoportable gravedad de los graves que soportar.

Al final, los idólatras que desolan salones y asolan soluciones no nos llegan ni a la suela del zapato. Por eso están ahí, con la boca abierta, asomándole las moscas entre los labios y llorando miel por el cielo de la boca. Mientras, los que solo tenemos derecho a mirar nos descalzamos para ponernos a su altura y que nadie nos pueda tratar aún peor.


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