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A falta de ofertas de empleo para la gente con formación superior hace imposible que las mujeres más preparadas puedan quedarse en sus pueblos
Fuga de mujeres
Publicado el 24 de Enero de 2011, Lunes

Lourdes Paredes Cuellas

Azuaga - Actualidad -

M.D.

El esquema de emigración tradicional ha cambiado, ya no son solo los hombres los que se van a buscar trabajo

Un informe del Observatorio Extremeño de Igualdad advierte de que las jóvenes abandonan los pueblos pequeños y se asientan en los municipios de más de 10.000 habitantes

 

Loli Ledesma dejó Almendralejo hace diez años. Cambió una ciudad de más de 30.000 habitantes por un pueblo de 267 almas: Aljucén. Y lo hizo por amor. Asegura que hoy día no se volvería a su lugar de origen pero reconoce que los primeros años fueron difíciles. «Yo venía de un ambiente lleno de vida y me encontré con un pueblo en el que tenía que quedarme en casa sin opciones de salir a tomar un café o ver un escaparate», cuenta.

La de Loli es la excepción de la dinámica de miles de extremeñas. Al contrario que ella, las mujeres jóvenes de la región que viven en pequeñas localidades se ven obligadas a dejarlas primero para estudiar y después para poder ejercer su profesión. Es la conclusión a la que ha llegado el Observatorio Extremeño de Igualdad y Empleabilidad tras analizar los datos del último padrón municipal de habitantes de la región, fechado en 2009. Una fuga de mujeres en toda regla.

 

A falta de ofertas de empleo para la gente con formación superior hace imposible que las mujeres más preparadas puedan quedarse en sus pueblos. Con los hombres la cosa cambia. «Para empezar tienen antes acceso a trabajos que no necesitan formación y que están bien pagados.

Esta tendencia demográfica se mantiene desde finales de los años ochenta, según Antonio Pérez, profesor de Geografía de la UEx y experto en demografía. «En el esquema de la emigración tradicional, el que todos tenemos en mente, era el hombre el que dejaba su lugar de origen para buscarse la vida. Pero eso ha cambiado en las últimas décadas. Sobre todo en el medio rural. En estas zonas hay un protagonismo migratorio de las mujeres, creciente, además. Por muchas razones», explica.

Entre las principales causas, subraya que el papel de la mujer ha cambiado de forma considerable social y laboralmente. «Ya acceden en igualdad de condiciones, casi siempre, a gran parte de los puestos de trabajo, aunque habría que hacer matices con los de responsabilidad. Son las grandes protagonistas del 'fenómeno de la formación', ya que la inmensa mayoría opta por los estudios universitarios y eso, evidentemente, hace que su preparación las coloque como candidatas a determinados empleos que en el medio rural son difíciles de encontrar», explica.

En los pueblos, las opciones laborales las excluyen y, además, existe un modelo que se repite, sobre todo en los más pequeños, según indica Pérez: en las familias de dos o tres hijos, los varones continúan con el negocio familiar agrario o no agrario, mientras las mujeres se van a la Universidad. «Las opciones de las mujeres, por tanto, son mucho más limitadas en estos ámbitos», sentencia el profesor

 

'Efectos secundarios'

Las consecuencias demográficas de todo lo anterior afectan a diferentes frentes. «Uno de los principales problemas es la masculinización del medio rural. Los hombres cada vez tienen más dificultades para encontrar pareja en su población de origen o en el pueblo de al lado, como era tradicional. Por otra parte, se consolida la feminización de la vejez: las mujeres que se quedan en este tipo de entorno son muy mayores, de más de 50 años», subraya el profesor Pérez.

Prueba de ello es que en la capital pacense, el grupo más numeroso de mujeres tiene entre 30 y 54 años, la edad más habitual de trabajar. Mientras en los pueblos pequeños, como Helechosa de los Montes, hay muchas más señoras que tienen entre 50 y 54 años y entre 70 y 74.

Otro de los 'efectos secundarios' que más preocupa es la caída en picado de la natalidad producto de la escasez de mujeres en edad de procrear. Cada vez nacen menos niños. En Aljucén, por ejemplo, hay sólo diez en el colegio y curiosamente, siete de ellos son chicas.

Pero, además, explica Antonio Pérez, que también se estimula la emigración de los hombres jóvenes: «Quienes quieren tener mujer e hijos se ven obligados a marcharse».

Por otra parte, la 'fuga de mujeres' afecta al desarrollo de los pueblos, ya que, teniendo en cuenta que son la población que más formación tiene, son una gran pérdida para el tejido productivo de las localidades. «Las mujeres suelen ser más emprendedoras y tienen gran capacidad de liderazgo. Por tradición los hombres trabajaban y las mujeres, además de llevar la casa y educar a sus hijos, gestionaban la economía familiar con todo lo que ello conlleva», reflexiona Antonio Pérez

 

«La Administración regional debería hacer algo al respecto, pero los primeros preocupados deberían ser los ayuntamientos», opina Ana Moreno, que explica que localizar dónde están las mujeres que trabajan debe ser un objetivo a perseguir para la igualdad de género.

La otra cara

Algunas de esas trabajadoras también están en los pequeños pueblos. En Extremadura hay localidades que no superan los 10.000 habitantes y pueden presumir de tener más mujeres que hombres, aunque son pocas. Es la otra cara de la moneda, pero con un matiz: en este caso los sociólogos advierten que el perfil cambia, ya que la mayoría de estas féminas no suele tener formación superior.

La localidad pacense de Torremayor es uno de esos ejemplos. El secreto de su éxito está en el acceso directo de sus mujeres a la principal actividad económica: la agricultura, de hecho, los empresarios las prefieren a ellas en lugar de a los hombres.

Conchi Rafael y Asunción Cáceres trabajan hasta seis meses al año recogiendo fruta. «En invierno soy ama de casa y en verano jornalera. Los empresarios nos prefieren porque somos más cuidadosas y cogemos más y mejores piezas. Somos más selectas», explica orgullosa Conchi. Esta circunstancia influye sin lugar a dudas en la composición de esta población. De sus 1.047 habitantes, 549 son mujeres y 498 hombres.

El alcalde de esta localidad, Manuel Estribio, se siente particularmente orgulloso de la preocupación por la inserción laboral de 'ellas' en su Ayuntamiento. «Fíjate hasta qué punto estamos sensibilizados que estamos pensando abrir una guardería el próximo abril para ayudar a conciliar las labores en el campo con la vida familiar», argumenta el regidor. Apunta que de las 45 personas que hay en plantilla en su Consistorio, más de la mitad (25) son mujeres.

Bien es verdad, sin embargo, que la mayoría de los puestos calificados los desempeñan hombres y aquí es donde se nota el cambio de perfil. Torremayor tiene más mujeres, pero las que tienen estudios superiores se siguen marchando. «La mayoría de las jóvenes se van fuera para poder desarrollarse profesionalmente. Las que se quedan están abocadas a ser amas de casa, a trabajar en el campo, o las dos cosas», resume, María Dolores Rodríguez Tabares.

La solución para este tipo de problema pasaría por diversificar el modelo productivo de las localidades, aconseja Ana Moreno. Un objetivo complicado y difícil de alcanzar. El Observatorio de Igualdad desconoce si, de momento, en alguna población de Extremadura se está haciendo algo en este sentido.

Las extremeñas, mientras tanto, continúan alejándose no sólo de sus pueblos natales, también de la región e incluso se aventuran a atravesar la frontera española. Así, según el INE, son 811.244 mujeres (51,77%) las que habiendo nacido en la región residen en otra comunidad autónoma, frente a 755.871 hombres. Y emigraron fuera de España 15.786 (51,51%) frente a 14.860 hombres, que suponen un 48,49%.

Antonio Pérez, advierte, además, que cuando se analizan las cifras de las que se quedan tampoco se puede ser triunfalistas. «Los datos nos hacen pensar que solo hay un ligero desequilibrio entre hombres y mujeres, pero si analizamos cuántas jóvenes hay: mujeres en edad de tener pareja y formar una familia, la cosa cambia, hay más hombres que mujeres», afirma.

En medio de las que se quedan y de las que se van existe una opción intermedia que ha sido el sustento de muchas poblaciones durante años. «Algunas mujeres para poderse quedar en sus pueblos cogen cada día el coche para desplazarse a su lugar de trabajo. Viajan una media de 30 minutos o una hora diaria. Del Casar de Cáceres, por ejemplo, salían cada día autobuses enteros de mujeres que viajaban a la capital cacereña para desarrollar diferentes trabajos y volvían por la noche. Y sigue pasando. Esto supone desplazamientos diarios que implican movimientos pendulares, muy difíciles de medir pero muy importantes, porque son una tendencia muy extendida», explica Antonio Pérez.

Tanto en Aljucén como en Torremayor se pueden ver al mediodía y por la tarde esos autobuses con mayoría femenina. Al menos eso tienen en común

 

Cruz. El alcalde, José María Mendoza, (izqda.) y otros vecinos rodean a Loli Ledesma. En Aljucén las

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