Publicado el 15 de Junio de 2011, Miércoles Lourdes Paredes Cuellas
Actualidad - El intenso calor marca una romería en la que miles de jarotes mostraron su admiración y respeto por la Virgen de Luna en el entorno del santuario de la Jara.
El sol fue uno de los grandes protagonistas de la Romería de la Virgen
de Luna que el lunes celebró Villanueva de Córdoba. El calendario ha hecho
coincidir el Lunes de Pentecostés, fecha inexcusable para los devotos
jarotes de la patrona, cuando el mes de junio casi llega a su ecuador y
el calor aprieta de forma considerable en las tierras de Los Pedroches.
El tiempo no fue excusa para que a las 08:00 la Cofradía de la Virgen de Luna partiera hacia la ermita de la Jara, donde ayer dejaron a la Señora
los hermanos de Pozoblanco. Tras los primeros kilómetros ya se
presagiaba un jornada dura, con un sol de justicia, pero que en modo
alguna podría vencer la devoción del pueblo por su Virgen.
Al mediodía todo estaba ya preparado para la procesión de la Señora
de Los Pedroches por los alrededores del santuario, siguiendo así las
tradiciones que conlleva esta peculiar celebración. La misa, la oración y
el recogimiento dio paso a la comida, al convite que dicen los hermanos
de la cofradía jarota.
Los
devotos buscaban algún punto, alguna referencia o una encina bajo la
que resguardarse del picante sol, del que intentaron defenderse con
abundante y frescos líquido y con las viandas propias de la zona,
conscientes de que el camino aún estaba por recorrer y que las emociones
se iban a ir sucediendo con el paso de las horas. El entorno de la Jara
no era el de otros años, se notaba menos afluencia y la entrada al
recinto parecía más fluida, pero varios miles de personas se congregaron
en torno al templo para rendir su homenaje y mostrar su admiración a la
patrona.
El sol permanecía aún en todo lo alto cuando la Virgen
de Luna inició su camino hacia Villanueva de Córdoba. Empezaba así uno
de los momentos más íntimos de cada uno de los romeros, que durante el
trayecto, y entre vivas, siempre reservan un momento para la reflexión.
Casi 10,5 kilómetros dan para mucho y el sufrimiento se iba haciendo más llevadero cuanto más cerca se divisaba la localidad. La Virgen llegó hasta la Olivarera, donde se aprovecha para adecentar un poco el paso y eliminar los restos del camino, así como para cambiar las flores.
El
trayecto estaba prácticamente hecho y el paraje del Regajito estaba ya a
unos cuantos pasos. Es tradición que el patrón de la villa, San Miguel,
espere a la patrona en este punto, donde también es recibida por las
autoridades municipales. Así, al nuevo alcalde jarote, Francisco Javier
Arenas, le tocó estrenarse en acto oficial con esta recepción
institucional en un día señalado en la localidad.
Con un paso lento, la Virgen de Luna y San Miguel se fundieron en un solo desfile por las calles de Villanueva, que le dieron la bienvenida a la Señora
y le abrieron el camino hasta la parroquia de San Miguel, la que será
su casa por unos meses, hasta el segundo domingo octubre. Será entonces
cuando regrese a l santuario de la Jara. Pero esa será otra historia, lejana aún para los miles de devotos jarotes.
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