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El rugir de las espadas volvió a escucharse ayer en la serranía cordobesa. Ocurrió en el transcurso de la tradicional romería de San Benito, celebrada en el municipio de Obejo, y en la que, como viene siendo habitual, uno de sus habitantes sufrió un «patatú». Es así como se conoce a la muerte simbólica que dan los miembros de la Danza de las Espadas al maestro de ceremonia, al que rodean con sus espadas, disponiendo éstas unas contra otras, quedando su cabeza apresada entre todas ellas.
Al final, logra escapar del entramado de acero y continúa con la procesión hacia la ermita del santo en compañía del resto de componentes de esta danza, una de las más singulares de la provincia cordobesa.
La devoción a San Benito Abad se ha convertido en una de las señas de identidad de los obejenses. Se celebra dos veces al año: el domingo más próximo al 24 de mayo y el sábado más próximo al 21 de julio.