Publicado el 03 de Agosto de 2016, Miércoles
Peñarroya-Pueblonuevo - Actualidad - Por
Jerónimo López Mohedano
Cronista
Oficial de Peñarroya-Pueblonuevo
Empieza su andadura este agosto con la
canícula de sus días y la promesa de alivio de sus noches que se siguen
achicando envueltas en el suave perfume de los jazmines, con el ruido de fondo
de la inoperancia e ineptitud de los políticos que elegimos no hace demasiado que
están viendo como el llamado problema catalán se vuelve cada vez más difícil de
resolver civilizadamente, políticos que
solo piensan en mantener sus poltronas o en como quitárselas a los otros, en
seguir escondiendo sus corruptelas, en poder seguir abasteciendo sus pesebres
clientelares, en evitar que la regeneración
política y social que tanto necesita nuestro país se pueda ir realizando
y permita una disminución drástica en la desafección por la cosa pública entre
una ciudadanía cada día más y más
abúlica y preocupada por lo que afecta a sus pequeñas burbujas individuales en
cuyas frágiles paredes rebotan la falta de trabajo y de futuro para
los jóvenes, las miserias y las muertes de los refugiados que pretenden entrar
en la otrora Europa alegre y confiada, hoy desconcertada por los sangrientos zarpazos
del terrorismo islamista, propiciados por la prepotente actuación geopolítica
exterior abusiva de los políticos neoliberales del occidente desarrollado que
cree posible cambiar gobiernos, alterar la Historia para que siga siendo la
misma que favorezca sus intereses.
Pero no era de esto de lo que se quería
tratar aquí. En esta ocasión quisiéramos
hablar de la celebración de un aniversario de uno de los edificios
patrimoniales de muestra pequeña ciudad: el de la bendición de la parroquia de
Santa Bárbara hace 100 años. Edificio heredero de la pequeña iglesia del mismo nombre
erigida a pocos metros del actual en
1877, sobre un modesto inmueble cedido tres años antes por la Hullera Belmezana
y reformado y adaptado a expensas de los
directivos de las líneas férreas Belmez-Córdoba y Córdoba-Málaga y propietarios
de las explotaciones de la compañía Fusión Carbonífera y Metalífera de Belmez, Heredia, Larios y Loring en el pujante Pueblo
Nuevo del Terrible, a la sazón anejo de la villa belmezana, para frenar la llegada
de las ideas protestantes a la cuenca del Guadiato e imbuir en el credo
católico, atendiendo las encíclicas de León XIII, a la numerosa población
obrera inmigrante. La humilde y nueva iglesia
fue bendecida solemnemente el día 8 de noviembre del año siguiente por el obispo de Córdoba y sería atendida durante
unos años también por el párroco de la parroquia de Nª. Sª. del Rosario de
Peñarroya (de ahí el título de “iglesia matriz”), Ildefonso Sánchez Gómez. Entre
las autoridades asistentes a la ceremonia estuvo el alcalde pedáneo Ramón
Villaseñor.
Treinta años después, cuando Pueblo Nuevo del
Terrible ya era una villa independiente, dado el estado de ruina de la
parroquia se solicitaron 30.000 pesetas para atender a los gastos de su
reparación al Ministro de Gracia y Justicia,
Manuel Alonso Martínez, sin que produjese
efecto alguno. Ante la pasividad gubernamental, en 1909 se creó una Junta de Damas terriblenses que inició
una campaña a nivel nacional para conseguir las 13000 pesetas con las que
adquirir el solar y las casas bajas necesarias al cacique local José Pedrajas en
los que construir una nueva iglesia digna de la importancia de la población
terriblense, campaña que tendría su principal altavoz en “El Diario de Córdoba”
3 años después merced a los reiterados escritos de Jacinto Werne y se
extendería durante los dos lustros siguientes viéndose reforzada en sus inicios
por los daños que causó el ligero seísmo del mes de abril y por el desmayo
sufrido por el gobernador civil cuando asistió en julio a los funerales de las
víctimas de la catástrofe minera de Santa Elisa y consiguiendo aportaciones de
la Casa Real, gubernamentales, de instituciones públicas y de gentes de toda
clase y condición social.
Según proyecto del arquitecto diocesano
Adolfo Castiñeyra, se empezaron las obras en 1912 dirigidas por Manuel Rey
avanzando según la disponibilidad de los recursos económicos, con la antigua
parroquia abandonada desde 1911 y celebrándose el culto en una capilla
provisional instalada en dos casitas de la entonces calle de Veraguas, paralela
al paseo del Llano, que serían derribadas al año siguiente por el avance de las
obras que se verían interrumpidas por la falta de fondos y problemas laborales
entre los contratistas, uno de ellos José María Castillejo, y hasta más divinos
en forma de meteorología adversa que provocaron el hundimiento de parte de la
techumbre en el mes de diciembre. Esta primera fase es apreciable en la fachada
por el tipo de ladrillos utilizado, procedente del tejar de la “Charca de los
Patos”. En este año de 1914, en el que el párroco Salvador Roldán creó una no
muy efectiva Junta de Caballeros para apoyar la construcción, se celebró la
primera misa y ya estaba construida la sacristía, según se cifraba en la reja
ornamental de la desaparecida puerta.
La graciosa donación en enero de 1915 de
10000 pesetas por el rey Alfonso XIII, apodado el Africano por la eterna guerra
colonial en el Protectorado Español de Marruecos, permitió que siguieran las
obras y que en 1916 se diera por concluido el nuevo templo, a
falta de la terminación de la fachada y de la construcción de la torre del
campanario y que el obispo de Córdoba bendijera las instalaciones aprovechando
una visita pastoral a la vecina villa de Peñarroya en la última década de
noviembre. La torre se terminaría diez años después y se alteró el proyecto instalándose
sobre el campanario, en lugar de bajo él, un reloj de propiedad municipal y sus cuatro
esferas –de las que solo una se muestra iluminada- sobre las ventanas ojivales
que han perdido sus adornos neogóticos. La inconclusa fachada se ha ido
degradando hasta presentar su actual y desastrado aspecto.
La cruz que coronaba la cúspide piramidal de
la torre hubo de ser derribada en los años setenta y en la actualidad la
azulejería de una de las caras de la pirámide, la que da a la puerta principal,
presenta grietas que pueden ser peligrosas para los viandantes si se producen
desprendimientos.
Nuestro patrimonio no es muy abundante, pero
no parece ser una de nuestras preocupaciones
importantes. Es parte del legado de nuestros mayores y del legado que
entregaremos a quienes nos sucedan, por ello se hace preciso el que tratemos de
preservarlo y restaurarlo en la medida de nuestras posibilidades y, aparte del
peligro potencial, esta es una llamada, un SOS a quien corresponda por este y
por los demás lugares patrimoniales peñarriblenses, tan infortunadamente
olvidados.
Feliz estancia a quienes vuelven como las
golondrinas anuales al pueblo a gozar de amigos, conocidos y familiares y feliz
feria a todos.
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