Publicado el 02 de Diciembre de 2015, Miércoles Lourdes Paredes Cuellas
Deportes - La travesía, que se extendió a lo largo de 126
Kilómetros de recorrido, aglutinó a aficionados de diversos puntos de las
provincias de Córdoba y de Badajoz
Crónica de:
ELENA LLANO
La novel Asociación
Todoterreno Valle del Guadiato 4x4 celebró su quinta ruta a través de las
pistas de Peñarroya-Pueblonuevo, Fuente Obejuna, Villanueva del Rey, Espiel y
Belmez el pasado domingo 29, en la que participaron un total de 60 personas
distribuidas en 20 coches todoterreno. La travesía, que se extendió a lo largo
de 126 km de recorrido, aglutinó a aficionados de diversos puntos de las
provincias de Córdoba y Badajoz. La ruta dio el pistoletazo de salida en el
municipio de Peñarroya-Pueblonuevo, punto de encuentro acordado, dando un breve
paseo por sus calles para calentar motores. Una vez constituida la caravana de
todoterrenos como un bloque sólido, esta tomó rumbo hacia el embalse de Sierra
Boyera, para continuar dirección Rabo Gallo, a cuyos pies se ubica San
Bernardino. Además de acoger la romería en honor a este santo, Rafael Podadera,
encargado de guiar toda la ruta, comentaba a los asistentes que dicho enclave
era un destino para cazadores por su variedad en cochinos y venados.
Con Fuente Obejuna de frente, el grupo entornó el trayecto dirección El
Porvenir, pasando por el vertedero antiguo, la charca “Masatrigo” y su presa.
Tras dar un paseo por dicho pueblo, la ruta continuó hacia Los Pánchez, dando
un rodeo al cerro “Los Castillejos”, haciendo una parada en el puente de “Los
Molinos” y dejando atrás la finca “El Lobatón”, una de las pedanías más
antiguas de la zona que se encuentra totalmente derruida. Hasta el momento, el
paisaje había sido generoso, con sendas bastante planas. A partir de este
momento, el panorama se tornará en uno más propio de la sierra, con terrenos
abruptos e inclinados y caracterizados con una vegetación más frondosa. Hasta
llegar al siguiente destino, El Arcornocal, el camino estuvo plagado de ovejas
pastando, cerdos en su hábitat natural y puertas que dividían la senda.
Tras pasar por una pista muy cercana a la aldea, la caravana prosiguió hasta La
Posadilla, dentro de la cual dio un paseo, en el que todos los todoterrenos
comenzaron a utilizar sus bocinas para dar cuenta de su llegada. Hasta llegar a
Espiel, la ruta se hizo más larga al no divisarse ningún núcleo poblacional,
aunque el número de fincas desperdigadas por el paisaje aumentó
considerablemente. Primero apreció la de los “Jesuitas” y, poco después, la de
las “Navas del Juez”. El camino seguía sin dar tregua, hecho que agradaba a los
participantes, que venían buscando acción; a excepción de un pequeño tramo de
carretera que unía una pista con otra. La siguiente senda, la de “Las Abejeras”
se alzó con el pódium de las mejores vistas de toda la ruta. Desde lo más alto,
la Sierra del Castillo de Espiel; y a los lados, antiguos molinos romanos
flanqueados por altos árboles de hoja caduca y el embalse de Puente Nuevo, de
un intenso azul verduzco. La primera parada, tras casi tres horas de travesía, se efectuó en el Albergue
Municipal de Espiel, donde los participantes pudieron estirar las piernas y
comer algo. Sin embargo, el tiempo apremiaba y el descanso no se extendió en
exceso. El grupo, rumbo ya hacia su punto de origen, tomó la carretera
secundaria el municipio espeleño hasta llegar a la pista “Los Valles”. La
vía ahora se había tornado en una mezcla de las anteriores, combinando los
senderos planos del principio con el terreno pedregoso de la sierra, que se
mantuvo hasta el final del recorrido. Los integrantes del grupo pudieron
admirar la Sierra Peñaladrones y el Cerro del Moro (repleto de pinos) antes de
adentrarse en una nueva pista dirección Belmez. La senda marcaba el contraste.
A un lado, un prado verde brillante, mucho más propio de los campos del norte
de España; y, al otro, el paisaje rocoso característico de Sierra Morena. No
obstante, este marco fue breve, y desapareció en cuanto el grupo de vehículos
comenzó a circular por las antiguas vías del tren. En este tramo, el olor a lavanda
era fuerte pero agradable, y el terreno cada vez era más llano. Con Belmez y su
castillo a la izquierda, el grupo pasó por “Los Mestos”, que ahora está vallado
casi en su totalidad, pero que hace no muchos años era uno de los destinos
favoritos de los belmezanos para celebrar “las Pascuas”.
Poco después, aparece
casi de la nada un circuito de Motocross con aspecto descuidado y desaliñado,
con Peñarroya-Pueblonuevo de fondo. A pesar de que la travesía se había
prolongado más de lo esperado, Rafael decidió que la ruta no podía finalizar
sin visitar la “Charca de los Patos” y dar un largo rodeo a la localidad
peñarriblense. Pasaron por el centro del pueblo y repitieron el ritual de La
Posadilla: toques continuos de claxon para proclamar que el itinerario se había
saldado exitosamente. Y, como broche final, una comida de grupo en el bar
“Arcoíris”. La actividad se prolongó más en el tiempo de lo que se esperaba debido a que la
falta de lluvia no había ablandado el terreno y, al paso de los vehículos, se levantaban
vastas cantidades de polvo, que obligaron a reducir la velocidad y aumentar la
distancia entre unos y otros. Aun así, el día se comportó, haciendo que su
apariencia fuese más otoñal que invernal y permitiendo que tanto adultos
como niños disfrutaran al máximo de la experiencia.
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