Publicado el 14 de Enero de 2015, Miércoles Lourdes Paredes Cuellas
Peñarroya-Pueblonuevo - Entrevistas - Cuando te topas con la cara
de un gran artista en los carteles siempre es motivo de regocijo. Máxime si el
artista en cuestión es uno de los más importantes en lo que a música mestiza se
refiere, y además uno de los más prestigiosos. Al inicial asombro por el
anuncio de su concierto en la Casa de la Cultura de Peñarroya Pueblonuevo
sucedió una alegría que tuvo escasa plasmación en la platea: ni medio centenar
de almas peregrinaron una fría noche de noviembre hacia un recinto tan
envidiable como desangelado ante la presencia de una voz y unas canciones
francamente extraordinarias, las de Javier Ruibal, llegadas directamente desde
la rica simiente musical del Puerto de Santa María. Antes de volver a constatar
una vez más que no hay más cera que la que arde, el encuentro con el maestro
gaditano resultó en una amena charla, más que entrevista, que transcribo a
continuación.
Mucho
arte por aquella zona. De hecho, hace unos meses estuve en el Puerto de Santa
María con ocasión del Monkey Week, festival de música independiente que se
celebra cada año, y pude comprobar una vez más el encanto y el hervidero
artístico que parecen tener todas las zonas portuarias.
Yo siempre hago la broma de
que como no tenemos industria, tenemos artistas a porrillo, pero bueno, mira,
más vale que tengamos artistas que otras cosas. Sí, la verdad es que la tierra
aquella es motivadora y da mucha inspiración para dedicarse al arte, que en
definitiva es fantasear e implicarse y aprenderlo y estudiarlo, pero al fin y
al cabo es crear fantasías para que los demás las disfruten.
Siempre
se ha dicho que esa vertiente mediterránea, incluso africana también, que
tienen esas ciudades se convierte en un halo especial, tal vez por aquello de
las tabernas y del trasiego que en ellas se produjo tradicionalmente. El
sentimiento de lo mestizo, vaya.
No sé, yo le tengo perdida
la perspectiva. Es como lo del elefante, lo tienes tan cerca que no lo ves,
¿no? Supongo que todas las ciudades portuarias tienen un poso de una tradición
acogedora a todo lo que es novedoso y también un poco un espíritu plural, tener
ganas de contagiarse de todo lo que viene por el mar. Eso ya ahora no es el
medio por el que llegan las cosas, ya sabes, por los internets y estas cosas es
por donde nos llega ahora todo. Pero mientras ha ido viniendo por el mar
realmente las ciudades portuarias han tenido ese mérito. Le pasaba a Cádiz, le
pasaba a Barcelona con mucha más pujanza evidentemente, porque era una ciudad
como más internacional, pero Málaga también lo tenía, ¿no? Son cosas que el mar
da, afortunadamente, aunque además nosotros tenemos la ventaja estratégica esa
de que en Cádiz empieza el Mediterráneo y se acaba el Atlántico, entonces ese
punto de paso nos ha dejado en una situación de privilegio y creo que ahí ha
venido toda esa cosa plural y ese espíritu creativo que tenemos.
Tu
música ejemplifica eso que estamos hablando. Si a mí me preguntan por lo que
hace Javier Ruibal y contradiciendo a los que piensan que lo tuyo es el
flamenco, yo diría que no es exactamente eso pero tampoco es folk, ni jazz, ni
muchas cosas siendo sin embargo todo a la vez.
Las etiquetas como siempre
sirven para poder colocar en la estantería un disco y hacer un poco de orden,
pero a mí es que siempre me ha gustado ser un poco plural. Si me gusta hacer una
pieza flamenca la hago lo más flamenca posible tratando de no faltarle al
debido respeto a la tradición flamenca, pero también me gusta hacer canciones
que tienen otro componente y algunas canciones que están muy basadas en la
poesía más que en la música, y otras que son evidentemente musicales. No sé, yo
soy muy heterodoxo, me gusta juntar Roma con Santiago a ver qué sale, y casi
siempre sale algo que te sube un escalón para seguir adelante o te abre una
puerta por la que entrar y abrirte a otro nuevo espacio, a mí y al que lo oye.
Entonces, claro, toda esa heterodoxia tiene la dificultad de que al final
-bueno, para mí no es una dificultad, para mí es un aliciente- para el
temperamento general, que es tratar de simplificar las cosas, ponerle un nombre
y etiquetarla y situarla (“esto es pop, esto es jazz, esto es salsa…”) es más
difícil, pero bueno, yo no soy el único, cada vez la gente se está mezclando
más y los músicos de jazz se aflamencan y los músicos de flamenco jazzen, y el
rock se ha llenado de muchas cosas de las culturas populares de África, de Asia
y de América Latina, en fin… Eso está muy bien, yo creo que eso es muy
enriquecedor y que el futuro en todo caso de la humanidad o de la cultura del
ser humano está más relacionada con la impureza de la sangre que con la pureza.
Y
en tu caso además conjugando la música con la poesía, porque has adaptado a
mucha gente, entre ellos a Lorca, aparte de versionar a Serrat entre otros.
Siempre estás como pendiente de mezclar la composición con la literatura. ¿Eso
enriquece a un artista?
A ver, lo de “el patio de mi casa es particular, cuando
llueve se moja como los demás” es una simpleza, pero adentro encierra un
montón de filosofía. Es decir, ningún patio es más importante que el de nadie
ni mi casa es igual de buena que la de cualquiera, pero no deja de ser mi casa.
Una cosa tan simple encierra un mundo de ideas y de propuestas para pensar,
entonces… Estando la literatura y la buena poesía ahí a un paso yo creo que es
una desconsideración hacer canciones simplistas en las que se habla muchas
veces de un amor que ya es tan almibarado y tan manido y tan escuchado y tan
lleno de frases hechas que no dicen nada. Me parece que es una desafección con
lo que hemos estudiado, porque hemos ido a estudiar y nos han dicho dónde está
la buena letra, la buena poesía, el buen teatro y la buena música, y hay que
hacer un poco de caso a los educadores que tuvimos, que también son los de la
casa de uno, los padres . En fin, yo creo que siempre hay que ir hacia
adelante, y cuando uno se estabiliza en un lugar de una forma conservadora para
no correr riesgos y empieza a repetir el esquema o literario o lírico que ya
hizo no sé quién hace cuarenta años, pues uno está siendo primero descortés con
el resto del público que lo que quiere son cosas nuevas y a ser posible
mejores; y luego también se está siendo desleal con el propio arte, que
requiere que uno se entregue y, hombre, si tienes la mala suerte de que no te
sale nada personal, vale, pero a poco que te salga tienes que abrir esa veta y,
como el minero, seguir ahí y no hoy ir a buscar una cosa y mañana otra y ahora
voy a intentar por aquí y luego por allá, ¿no?
De
hecho hay artistas que efectivamente confiesan no estar nada inspirados,
sabemos de gente que no es nada prolífica. Tú, tal y como lo cuentas, parece
que lo tienes muy fácil o que encuentras la inspiración de una canción con no
demasiada dificultad, ¿o no es así?
Todo lo contrario, yo no soy
muy prolífico, la verdad. He hecho pocos discos para el tiempo que llevo, lo que
he intentado es no parecerme a mí mismo tampoco, no parecerme demasiado. Del
primer disco a este último yo puedo cantar las canciones del primero y del
último juntas y no se puede decir “es que
aquello se ha quedado rancio y esto demasiado novedoso”, lo importante es
que haya un discurso que lo unifique todo, pero no puedo repetir el mismo
soniquete de las canciones del primer disco ni las mismas expresiones ni los
mismos ritmos ni los mismos adornos musicales, se trata de evolucionar y de
probar. Pero ya digo, probar con lealtad a lo que se hace, no como tentativas
de “a ver si ahora por fin con esto me
forro”, que es como está planteado el sistema de divulgación de la música y
todo eso, ¿no? Por un lado se pretende que la gente se acerque a algo que sea muy
popular pero que no le complique la vida, con lo cual al final tú dejas al
público en una especie de estado de parvulario musical, literario y poético al
que no hay derecho. Cuesta mucho escribir las cosas con solemnidad y con
profundidad, entonces hay demasiado estorbo para eso, el negocio está pensado
para que cuanto menos se compliquen la vida más fácil lo tenemos para poner
música adocenada y el que tenga algo interesante que decir que se busque la
vida, a ver si es capaz, pero no va a salir por la radio ni la televisión ni va
a estar en los medios salvo puntualmente, un disco una vez, dos veces. El resto
del tiempo es un desamparo muy grande, lo único que te puede amparar es que
estás haciendo una cosa de una manera noble y que te da independencia, además
terminas pagando las cuentas, la casa y todo. A mí cuando me dicen “no, es que la música…”, pues mira,
llevo toda la vida sin salir apenas en los medios y he trabajado bien y me he
dejado ver por todos sitios y no debo dinero a nadie. Entonces, a lo que voy es
a eso, que las excusas son siempre la carrera, a ver ¿mi carrera cuando empezó,
cuando tenía diecinueve años y se acabó a los treinta y uno? ¿Eso es una
carrera? Perdona, yo voy a cumplir sesenta el año que viene. Eso es una
carrera, con todas sus dificultades, sus ventajas, sus penas y sus alegrías,
pero al final de lo que se trata es de qué te vas a llevar en metálico a la
tumba, ¿los empastes? Lo demás tiene que ser puro espíritu.
Además
yo creo que uno de los errores más comunes entre el oyente medio es el de
confundir lo popular con lo comercial, ¿no?
Claro, puede ser. Mira, lo
popular sería “el patio de mi casa es
particular”, lo popular sería un fandango, que dicen una sentencia que tú
la oyes y dices “pero por favor, esto no
se puede decir mejor”, una cosa tan simple en cuatro o cinco versos. Y
luego lo comercial es una utilización de lo más escueto y lo más sencillo de lo
popular y convertirlo en gran acontecimiento, en “esto es lo que hay que oir”, lo más superficial, y pasarlo al
estrellato y esas cosas. Hay algo de fantasmeo que está relacionado no con el
hecho artístico, sino más bien con el ego y con vanagloriarse de que has tenido
veinticuatro números uno… Pero a ver, criatura, vamos a escucharlos, a ver qué
tipo de números uno. De ventas, vale, pero ¿a quién llegas, quién te ha
escuchado o de qué manera te ha escuchado? Y yo no menosprecio al público, lo
que menosprecio es lo que le ofrecen, la cicatería y la mala arte con la que se
comportan con el público. Es excesivamente rácano, el público dice “ah, sí, vale”, pero el jamón de pata
negra me lo como yo y tú vas a comer jamón serrano o jamón york.
También
hay muchos intereses, aunque ya discográficamente hablando cada vez menos, y
gran parte de culpa de eso que comentas la tienen los medios.
Lo que pasa es que la
mayoría de medios de difusión de música pertenecen a un holding de comunicación que tienen una línea de publicidad, una
línea filosófica, política y comercial, entonces si tú entras en esa rueda y
esa dinámica sales por esos medios y ya está, no hay más. ¿Qué ocurre? Que
cuando de lo que se trata es de provocar movimiento económico pues
probablemente el movimiento espiritual, que es del que estamos hablando
nosotros, difícilmente coincide. Puede coincidir de vez en cuando, uno, dos,
tres o cuatro artistas que son fantásticos, estupendos y son esos a los que la
propia industria no puede frenar y les dan paso igual que a los otros tan super
comerciales. Pero cuando tienen algo que les gusta porque ha vendido, al poco
tiempo lo que quieren es jubilarlo y meter a otro que haga el mismo contrato
leonino que les da a ellos todos los derechos.
En
inglés sería algo así como el nuevo hype,
lo que está de moda en cada momento.
Claro, pero a lo mejor lo
nuevo, que es el chiquito o la chiquita que está ahora mismo arriba en el
candelero, resulta que su ídolo era aquel al que han destronado para ponerlos a
ellos, con lo cual es una sensación de mal rollo que es triste, pero es así. La
gente tiene ya treinta y tres o treinta y cuatro años y los artistas de esa
edad difícilmente van a gustarle a los adolescentes que tienen quince años,
entonces tienen que meter otra oleada. ¿Y ahora qué pasa con esta gente, que la
jubilas? En fin, es hablar siempre de lo mismo y es una pérdida de tiempo, vamos.
Sí,
tampoco es cuestión de darle más vueltas. Nos quedamos con lo artístico y me
gustaría preguntarte por esa obra maestra que sin duda fue y es ‘Pensión
Triana’. Ya hace unos cuantos años y te lo habrán preguntado miles de veces,
pero ese disco marcó muchas cosas en la música española de raíz. ¿A ti te marcó
tanto personal como musicalmente?
A mí me gusta mucho, me
salvó la vida. Bueno, me salvé la vida con ese disco porque estaba
descatalogado. Era lo mejor de tres discos y seis canciones más, entonces
cuando tú sacas lo mejor de siete años de trabajo y añades canciones nuevas el
promedio de música interesante y de cosas a las que agarrarse está muy bien,
pero yo como estaba descatalogado ese disco lo hice para recuperar ese
repertorio, grabarlo de nuevo, e inmediatamente las compañías que tenían los
discos anteriores los volvieron a poner en catálogo. Eso da idea de cómo
funciona el negocio, pero no se puede uno quemar la sangre, uno tiene que ir
para adelante. ‘Pensión Triana’ supuso un hito por eso, por lo que tú decías,
por la confluencia de una serie de canciones y un promedio elevado de buenas
canciones. El disco es muy intenso, tocado por músicos y artistas estupendos, y
si yo hubiera querido ser un imitador de mí mismo en ‘Pensión Triana’ me hubiera
quedado ahí, y lo que hice fue lo contrario. Había hecho ese disco en directo,
entonces me fui a un estudio y grabé ‘Contrabando’, que es otro disco, con
otros colores y otras cosas. La idea es esa un poco, es contar un chiste nuevo.
Si te cuentan siempre el mismo chiste dices “eres
muy gracioso, tío, pero este ya lo sabemos”.
Es
como lo que hablábamos antes, la gente se puede cansar de la misma canción,
incluso hasta puede pasar con la típica y habitualmente infame canción del
verano. Un artista debe estar en constante evolución, y desde ese
‘Contrabando’, aunque la gente no lo quiera ver, ha habido un progreso grande
en tu música hasta llegar al reciente ‘Quédate conmigo’. Parece que pronuncias
el nombre de Javier Ruibal y la mayoría lo asocia a un determinado sonido, ¿no
crees?
O se han quedado en una
canción, o con una o dos canciones. Hombre, hay que agradecerle a las canciones
que a veces te abren a públicos a los que no habría llegado si no las hubiera
hecho. Por ejemplo, ‘Atunes en el paraíso’ yo la hice para la película de Pablo
Carbonell. Es una canción que tiene que ver con el carnaval de Cádiz, pero el
carnaval de Cádiz es muy para los de Cádiz o para Andalucía y luego ya ha ido
expandiéndose, pero es una cosa bastante nuestra. Sin embargo a mí me han
pedido que la cantara en Nueva York un dominicano, y yo decía “¿pero estás de broma?... tú eres de Cádiz” y decía que no, y había traído hasta su pito de carnaval para hacer el final
conmigo. Esas cosas son muy de agradecer, pero puede pasar que te asocien a una
canción o a un estilo o una parte de tus canciones y ya las demás dejan de
tener importancia. Yo he sido bastante heterodoxo, o sea que entre ‘Atunes en
el paraíso’ y ‘La rosa azul de Alejandría’ hay un mundo; y entre esa y ‘A Roma
no quiero ir’ o ‘Los mares del surf’ también hay otro mundo. Están relacionadas
porque las relaciona mi voz y mi manera de componer pero creo que una por una
se merecen su sitio, que es lo que importa. Que te merezca la pena cantarla
ahora y dentro de quince años decir “voy
a cantar ‘Los mares del surf’” y que no se te caiga, que hables de algo que
siga sonando fresco. Si no la haces con materia fresca no permanece fresca, esa
es la idea. No es que no pasen los años por ella, no, es que está construida
con la intención de que perdure. Decía una mujer del guiso “¿pero malo cómo va a ser si to lo que lleva es bueno?”, que no
puede ser, porque tú echas más cantidad de ingredientes de una cosa que de otra
y te lo cargas, pero la filosofía es esa: cuando tú ofreces tu casa ofreces lo
mejor que tienes, y hay que pensar que la gente lo que hace, como hoy o como
cualquier otro día, es dejar cualquier otra cosa que hacer y venir a
escucharte, con lo cual el privilegio que te están dando ya te tiene que
responsabilizar para decir “no, no, yo
tengo que sacar cosas nuevas”, tengo que moverme y darles la idea de que
les ha merecido la pena el tiempo que me han guardado de deferencia durante
estos años.
Quizás
eso es lo que ha atraído también a tantos artistas que te han pedido canciones,
porque has compuesto para mucha gente (Ana Belén, Martirio, Carmen París entre
otras), aparte de múltiples colaboraciones en letra y música con otros tantos.
Sí, hay un puñadito por ahí.
He hecho cosas, he trabajado cuando me lo han pedido. Yo al principio no me
atrevía porque pensaba que yo soy capaz de hacer lo mío para mí, pero después
me fui atreviendo y lo último es una canción para una película de Imanol Uribe,
que está filmándola ahora, y yo estoy muy contento. Él también, y eso siempre
da alegría, pero bueno, cuando te lo piden tú te pones en la composición de
lugar de lo que te están pidiendo y si es para un cantante pues ves qué estilos
de canción o qué lenguaje utiliza, por ejemplo, Pasión Vega. Cuando he
compuesto para ella el lenguaje no es el mismo que cuando compongo para mí o
para Mónica Molina o para la película de Pablo, es decir, todo depende de
ponerse en el contexto y hacer lo que te salga.
No
podemos olvidar que estamos hablando con el ganador de una Medalla de Andalucía
en reconocimiento a toda una carrera que, ahora sí podemos decirlo, fue
justamente recompensada en 2007. ¿Te pregunto si estás orgulloso de ella o no
es necesario?
¡Huy, la medalla!... El
reconocimiento es un aplauso muy discreto, muy sobrio, muy con un punto de
solemnidad que no tiene el otro aplauso cuando estás divirtiendo a la gente y
que se lo pasa muy bien y que están un poco en la euforia. Es un aplauso sereno
que la única lectura que puede tener es “vas
bien, vamos bien, tire usted por ahí”. Estamos contentos de que usted se
dedique a esto porque lo que nos brinda nos parece bien y ya está, ¿no? Y así
hay que tomárselo. Por supuesto que luego en tu fuero interno dices que bueno,
mi tierra o las instituciones que lo otorgan han considerado que yo lo merezco,
pues muchas gracias, alegría. Pero también piensas que algo de justicia habrá
en eso, en el sentido de que por lo menos está en función de que la identidad
andaluza se manifiesta de muchas maneras, y a través de la música los que
aportamos un granito de arena un día nos dan una medallita y nos ponemos
contentos. Pero al día siguiente lo que tienes que hacer es que te pese lo suficiente como para que
intentes con más motivos no defraudar la confianza que me han dado.
Vienes
a tocar a una plaza complicada. Una localidad y una zona, triste es decirlo,
donde la cultura en general y la música en particular (no hablemos ya de todo
lo que tiene que ver con el rock, aunque no sea tu caso) están en un nivel más
que secundario. Sin embargo, esta Casa de la Cultura es un espacio precioso,
con una acústica excepcional, en el que es un verdadero honor recibir a
artistas de tu bagaje. Ojalá nos equivoquemos y la asistencia sea más numerosa
de lo que esperamos.
Es un sitio magnífico.
Ojalá. Mira, si no es así el caso es que vayan pasando cosas y crear un
precedente. Si yo he estado el día que se celebra el primer aniversario de la
Casa de la Cultura es que van ocurriendo cosas. Uno lo que espera siempre es
que todos espacios tan bien dotados los pongan en manos de personas adecuadas.
Uno no puede estar preparado para todo, pero que tengan la pasión suficiente
como para dejarse la piel y que esto tenga contenido. Tendría que ser gente
como vosotros, gente que tenga pasión porque ocurran las cosas y que disfruta y
que hace correr la voz, eso es lo que me gustaría. No siempre ocurre así porque
como estas Casas de la Cultura están siempre dependiendo de instituciones, unas
más cercanas y otras más lejanas, los presupuestos están antes para un bache
que para un concierto o un recital, se entiende. El bache es por donde pasamos
todos los días y cualquiera de ellos se nos rompe una pierna, bueno, de
acuerdo, pero también hay que atender estas otras cosas. Yo ya voy como se dice
de retiro y una de las cosas que creo que más dañina ha sido en este tiempo es
que no ha habido una evolución de verdad en la implicación con la cultura,
siempre son como fuegos artificiales, como que en tal sitio tienen un auditorio
muy bueno, tienen muchas ganas y hacen algo que funciona muy bien y en otros
sitios donde tienen menos ganas pues funcionan peor. Siempre estamos un poco a
expensas, no hay un programa hecho que diga que estos recintos van a tener
estos contenidos y van a funcionar con estabilidad durante este tiempo y esos
períodos. Estas cosas son las que hacen que a veces esto no marche, pero bueno,
aquí está, es una realidad, es un sitio hermoso y puede tener mucho futuro.
En
estos conciertos tocas con un gran músico, jovencísimo además. ¿Haces las
presentaciones?
Con este señor, José
Recacha. Esta es una estrella, es un tipo ilustrísimo. Él es el que ha
arreglado mi último disco ‘Quédate conmigo’, todos los arreglos son suyos. Ha
tocado muchos instrumentos y tiene una banda, Glazz, con mi hijo. Un monstruo.
Nos
despedimos con el saludo final del maestro Javier Ruibal para todos nuestros
lectores.
Para los lectores de
Guadiato Información, pues nada, a seguir pasando página y a seguir llenándose de cosas
que nos pongan el corazón contento, como decía la canción, y nos den sosiego
para andar por esta prueba de fuego que es la vida, que nunca sabemos qué es lo
que nos va a pasar.
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