Publicado el 28 de Febrero de 2011, Lunes Lourdes Paredes Cuellas
Actualidad - La estampa de la Virgen de Luna camino de Pozoblanco rodeada de verdes
dehesas y coloridas flores -fruto de las lluvias del invierno aún
vigente- será difícil de olvidar para los miles de romeros que
acompañaron ayer a la patrona en su recorrido. Sólo el fresco que de vez
en cuando espabilaba a los devotos hacía recordar que el mes de febrero
aún no ha echado el cierre, aunque la emoción por estar cerca de la
Señora y la postal que ofrecía el paso de la Virgen era lo más parecido
al anuncio de la primavera, el preludio de la época de la hermosura, el
colorido y de los sentimientos, el tiempo de un olor diferente y único
en las tierras pedrocheñas.
Pero como no hay dos caminos iguales,
no sólo el imponente paisaje fue una de las notas distintivas de del
recorrido de la Virgen, sino que en los comentarios estuvo muy presente
la previa a la romería, y más concretamente el pregón de la Virgen de
Luna y la figura de Juan Manuel Blanco Martín, llamado a ser el
pregonero de 2011 pero que falleció hace unos meses sin poder culminar
esa tarea.
Fueron sus hijos los encargados de tomar el relevo y
se encargaron de exponer en la noche del sábado un trabajo que su
progenitor tenía ya muy avanzado. No obstante, el hecho que más emoción e
impacto produjo entre los asistentes fue la proyección de parte de una
película rodada por en 8 milímetros por el propio Blanco Martín allá por
el año 1968, hace ahora 43 años. Se trata de un documento histórico que
está en posesión de la familia y que narra de forma detallada cómo se
celebraba en aquella época la Romería de la Virgen de Luna. Aquel
documento se estrenó incluso en la ciudad pozoalbense, con el fin de
recaudar fondos para la reforma de la valla del Santuario de la Jara, si
bien después quedó en el ámbito de lo privado hasta que sus familiares
han decidido rescatar este documental.
Sólo se exhibió una
pequeña parte de la película -que dura 45 minutos- pero fue suficiente
para propagar entre los asistentes un sentimiento de emotividad y de
reconocimiento entrañable hacia el pregonero, a la vez que generó el
debate de que casi nada ha cambiado en los honores a la patrona de
Pozoblanco más allá que los vestuarios de los romeros de entonces.
Y
como mandan esas tradiciones, la Cofradía de la Virgen de Luna -de
carácter militar- llegó presta bien temprano al Santuario de la Jara,
rodeado ya por miles de peregrinos. El acceso a la ermita estuvo muy
controlado en las primeras horas por las fuerzas de seguridad y la
llegada continua de autobuses al recinto facilitó la tarea, si bien se
vieron forzados a retirar algunos automóviles aparcados en caminos
cercanos. En total, más de 10.000 personas se dieron cita en la Jara
para presentar sus respetos a la Señora.
Poco antes de las 11:00,
la Virgen recorrió los alrededores del templo anunciando el inicio de
la misa romera, una celebración religiosa que dio paso a la imposición
de medallas a los hermanos de la cofradía. En esta ocasión, se le
entregó el distintivo a los dos nuevos miembros del colectivo y se
reconoció la trayectoria de otros tes -con una medalla de plata- que
cumplen sus 25 años de servicio en la cofradía.
Tras el cierre de
este homenaje llegó el momento de la fiesta, de mostrar la buena
gastronomía de Los Pedroches entre grupos de amigos o familia enteras,
que por momentos se iban resguardando del sol y se refugiaban bajo los
chaparros o a la sombra de las carrozas preparadas para la ocasión. Los
vivas a la virgen se vivían ya con la misma intensidad que los cofrades
mostraban en su comida con autoridades políticas y religiosas y ávidos
por iniciar el camino que había de llevar a la Virgen de Luna hasta la
parroquia de Santa Catalina, en el corazón mismo de Pozoblanco.
Poco
después de las 15:00, el cortejo partió desde la Jara. La Virgen vestía
manto y salla de color beige, en contraste con el colorido de las
flores del paso, mientras que la corona era dorada y el Niño que porta
en sus brazos iba ataviados de pastor. El aroma de la primavera
adelantada que parece que anunciaba la Señora comenzó a mezclarse
entonces con el de la pólvora de las escopetas de los hermanos de la
cofradía y con el ondear de la bandera que rinde pleitesía a la imagen.
El camino largo, de 13 kilómetros, obliga a un alto en el que camino,
que llega siempre en el Pozo de la Legua, casi en la mitad del
recorrido. Entre vivas y admiraciones, los miles de romeros que
acompañaban a la Virgen de Luna fueron cogiendo una pieza de fruta para
reponer fuerzas.
Sin apenas pausa, el paso siguió su itinerario
hacia la ciudad, con la idea de cumplir el horario fijado. La alegría va
en aumento cuanto más cerca se ve Pozoblanco, hasta que la
peregrinación alcanza el Arroyo Hondo. Este punto marca el inicio de una
celebración muy diferente a todo lo anterior y el fuego y la pólvora de
los cofrades se hace más presente si cabe. Entonces empiezan a
repetirse hábitos de siempre, pero cargados de sentimiento. Así, los
niños ofrecen a la Señora su hornazo, ese dulce típico a base de huevo,
mientras que repiten la frase "Virgen de Luna, Virgen de Luna, ¿quieres
mi hornazo o me lo zampo?". Además, el alcalde de la ciudad, Baldomero
García, le impone a la imagen las llaves de los sagrarios de las
parroquias de Santa Catalina de Pozoblanco y de San Miguel de Villanueva
de Córdoba, las dos localidades que comparten la devoción por la
imagen, un gesto que se repite desde el siglo XIX.
Llega poco
después la ofrenda floral de la Corporación municipal y la entrega del
bastón como Alcaldesa Perpetua de Pozoblanco, un acto cargado en este
2011 de simbolismo, ya que se cumplen 50 años desde que la Virgen de
Luna cuenta con esa distinción. Acabado el protocolo, los devotos
acompañaron fielmente el paso de la imagen hasta Santa Catalina, donde
la cofradía ya prepara la salida prevista para hoy, cuando visitará
incluso la casa de los hermanos que lo soliciten.
Fuente: El Día de Córdoba.
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