Publicado el 17 de Noviembre de 2014, Lunes José Alonso Ballester
Peñarroya-Pueblonuevo - Entrevistas - Peñarroya-Pueblonuevo tiene repartido
por el mundo a un buen número de paisanos y paisanas, a quienes queremos rendir
su merecido homenaje desde este medio
Iniciábamos esta sección hace un par de
meses, con nuestro ilustre paisano y cantaor excepcional Emi Bonilla y
continuamos hoy con otro paisano ilustre encontrado de nuevo por Joaquín Rayego
Gutiérrez, peñarriblense e ilustrador a través de sus entrevistas del innumerable
número de hombres y mujeres repartidos por el mundo tanto de
Peñarroya-Pueblonuevo como de la Comarca Valle del Guadiato que destacan en
todos los ámbitos de la vida, desde el laboral hasta el solidario o
humanitario, pasando por el social y a quien agradecemos muy sinceramente su
cesión de esas entrevistas para que puedan ser publicadas por Guadiato
Información. Hoy hacemos referencia a Luis Javier Ruiz Sierra, un arqueólogo peñarriblense
que ha ejercido como Director al frente del Instituto Cervantes en Roma
(Italia).
LUIS JAVIER RUIZ SIERRA. UN PEÑARRIBLENSE EN
EL INSTITUTO CERVANTES
Por Joaquín Rayego Gutiérrez
De regreso de una corta visita familiar a
Roma, entro en Internet para recapitular un cúmulo de imágenes que han hecho de
este viaje toda una experiencia vital. Para mi enorme sorpresa y cuando me
disponía a visitar la inolvidable Piazza Navona, viene hacia mí la figura de un
paisano. Me lo presenta un viejo conocido, P. Isaac García, a través de un
documental que lleva por título “España en Roma”, viste cabellera rebelde, traje
de chaqueta claro y una personalidad que se transparenta en su voz y en su
mirada que denota el tono reflexivo de quien sabe aquilatar las palabras y de
quien acumula experiencias que contar. Según P. Isaac su entrevistado “se encuentra aquí como pez en el agua…” en
su condición de arqueólogo pero Luis Javier Ruiz Sierra, Director del Instituto
Cervantes en Roma, se mueve en tantas aguas que su biografía habría que
desarrollarla en capítulos cual si de una novela se tratara. Pero como de algún
modo hay que empezar esta breve biografía comenzaré diciendo que Luis Javier,
compañero de pupitre, es “un joven” de
mi edad: “Amigo Joaquín, parece que tenemos más cosas en común
cada rato que pasa pues también yo nací en 1951 y también conocí, lo sé de
oídas pues no tengo memoria de eso, la "Escuela de la Felisa" y
que supongo será la misma que mencionas durante unos meses, antes de entrar en
el colegio francés de monjas de la Presentación de María colegio que pagaba la
empresa minera del Barón Rostchild (S.M.M. de Peñarroya) en la que trabajaba mi
padre. Después nos fuimos a vivir a Santander cuando mi padre cambió de empresa
y yo tenía nueve años, me examiné de ingreso de Bachillerato en Santander
donde me hice arqueólogo y desde 1967, ya viviendo en Madrid, Licenciado en Arqueología
y artista visual y de acción, como tantas otras cosas que se reparten por mi
biografía, desde Madrid y hasta por varios países…”. En el organigrama del
Instituto Cervantes la presencia de Luis Javier se derrama en el diseño y
promoción de actividades que avaloran nuestra lengua y nuestra cultura, amén de
subrayar los lazos de unión con respecto a otras y con las más diversas formas
de expresión. Beirut, Damasco, Ammán, Roma, Madrid…, son testigos de esa
actividad que lleva a Luis Javier a estar en el ojo de la noticia, a disfrutar
y a padecer como nuestro manco más famoso la luz y el olor del Mediterráneo: “Tu
trabajo erudito me interesa mucho. Soy un apasionado lector de los estudios cervantinos.
Me tocó inaugurar y para mí fue un honor uno de los Congresos Internacionales
de los cervantistas celebrado en Lepanto, en mi condición de Director de
Cultura del Instituto Cervantes y participé con una ponencia personal, que he
perdido según creo en el primer Transatlántico de la Brown University al que me
invitó Julio Ortega. He amado y coleccionado algunas ediciones comentadas del
Quijote: Clemencín, Schevill-Bonilla, Rodríguez Marín (la mejor de todas es su
segunda edición de ATLAS en once o en catorce volúmenes, no recuerdo bien,
aunque me la he leído de cabo a rabo dos veces y consultado varias), Gaos,
Rico, Martín de Riquer (interesante, aunque escolar, porque recurre a la
primera traducción francesa)… ¿De Cesar Oudin?, para aclarar las dudas que le
producen algunas expresiones cervantinas...”.
Proyectos, contactos con tacto político, presencia en
Facebook, programaciones, entrevistas… nuestro hombre tira de tiempo para
dialogar con Cervantes, o para tomar un “Cappuccino” o un “Acqua di Cannella”
en compañía de los Goethe, Keats, Gogol, Sthendhal, Wagner y si la tertuliana
es María Zambrano pues miel sobre hojuelas: “He podido por fin ver un fragmento
de aquella entrevista que me hicieron en Roma y que había olvidado, me alegró
ver que coincidía con el Homenaje que organicé entonces a María Zambrano quien
fue una buena amiga mía y a quien traje de vuelta de su exilio y ayudé a crear
su fundación en Vélez, bellos recuerdos romanos de María. Entre ellos la
colocación de uno de sus manuscritos en el legendario Café Greco, que ya
frecuentara Casanova, donde ella escribió sus “Cuadernos del Café Greco” del
que publiqué entonces unos inéditos, traducidos también al castellano. Convencí
a su primo Rafael Romero, quien regaló un manuscrito que había comprado al
poeta Edison Simos y lo dejamos allí, donde estará enfrente de la mesa de
Búfalo Bill, convirtiendo su mesa en la mesa de María Zambrano. Buen trabajo el
de esos Escritos del Café Greco que publicara el Instituto Cervantes, memoria viva
de la cercana Plaza de España, de la Fontana de la Barcaccia que Bernini
esculpió para que bebiera en sus aguas la estética andaluza de María Zambrano
que sacaba un cuadernito y con el brazo dolorido y la mano temblante, se ponía
a anotar…”. Sentados en la escalinata que lleva hasta la iglesia de “Trinità
dei Monti”, el tiempo presta su dorada
pátina a los viandantes y a los edificios. Luis Javier me habla con pasión de
sus maestros, de María Zambrano y de Rafael Sánchez Ferlosio, “el fuego y el
hielo”, según los viene a calificar y de los libros que publicó sobre Carlos
Edmundo de Ory, Jorge de Santayana y Enrique de Rivas, que: “Hoy son libros
raros, caros y buscados. Yo he escrito en mi vida mucho sobre arte,
especialmente sobre amigos míos como Soledad Sevilla, José Luis Alexanco o el
fotógrafo Pablo Pérez-Mínguez y algunos más, la verdad es que no llevo la
cuenta. Organicé una docena larga de exposiciones internacionales en Madrid,
Barcelona, Nápoles, Japón y creé dos Museos de Arte Contemporáneo, el del
pintor surrealista Eugenio Granell que está en Santiago de Compostela, en la
Plaza del Toral y un Museo de Arte Español en Japón, que creé para una compañía
de televisión local y que finalmente no dirigí aunque lo planifiqué y
seleccioné y compré para ellos el inicio de su colección…”. Se refiere Luis
Javier a Eugenio Fernández Granell, amigo de Duchamp, de Max Ernst, de Benjamín
Peret, de André Bretón, de Wifredo Lam y tantos otros, exiliado trotskista de
nuestra guerra civil en varios países, entre ellos en los Estados Unidos.
Y, coincidencia tal vez, pero hace tan sólo unos días que
leí sus Ensayos, encuentros e invenciones, con edición y prólogo de César
Antonio Molina. En este libro el pintor más humorístico de nuestro surrealismo
dedica un capítulo a “Los silencios de Alberti”, que merece la pena leer y dice
cosas tales como que “el español, en esta época de democracia, es un buen animal doméstico”, o que “es
necesario salvar al niño de hoy de ese mundo de inmundicia en que el comercio
lo ha hundido”, o que “ha sido un gran error suponer igual la mentalidad
infantil a la retardada de las señoritas cursis, o a las atrofiadas de los
burócratas vacuos”. Con parte de esta “pedagogía” debía de estar de acuerdo mi
paisano cuando en el año 1972 se plantó, en pleno centro de Pamplona, a dar un
recital de poesía fonética con un globo negro en la mano. Por aquel entonces no
estaba el horno para bollos y él era ya comisario de la exposición de poesías experimentales
que se hizo en los Encuentros de Pamplona en 1972 y coautor del único libro que
se hizo entonces (1974) y hasta los tiempos recientes, de ese evento
contemporáneo. También lo sería de las cuatro ediciones de la serie de
exposiciones EXPERIMENTA, Madrid, Barcelona y Nápoles: “Me sorprendió mucho que
en Peñarroya-Pueblonuevo exista un Museo de Poesía Visual y me sorprende porque
se organizó hace unos veinte años, más o menos, una exposición en Córdoba sobre
este asunto nutrida exclusivamente con obras de mi colección personal. He
sospechado que debió de haber alguna relación genesíaca entre esa exposición y
este museo y espero algún día resolver ese misterio rarísimo que hace que uno
de los más antiguos poetas concretos y visuales de España, yo, sea de Peñarroya-Pueblonuevo
y el más antiguo museo de esta materia de nuestro país (que supongo que lo es)
esté en Peñarroya-Pueblonuevo y que no tengan, que yo sepa, ninguna
relación entre sí…”. Por la documentación que veo deduzco que mi paisano se ha
pasado una vida dedicada al arte de comunicar y de comunicarse, como arqueólogo
que es fue el primero en plantear un estudio serio sobre la geología del Peñón
de Peñarroya y de su entorno: sobre sus pinturas rupestres y sobre sus cuarzos
impregnados de rojo: “Las pinturas rupestres del Peñón de Peñarroya las
descubrí durante una visita que hice con algunos familiares y amigos en el
verano de 1965, vivía en Santander y me fui un verano con mis abuelos. Tenía
yo entonces catorce años, pero ya formaba parte de un Seminario de
Prehistoria y Arqueología del Museo de Prehistoria de Santander y había
excavado y estudiado con grandes arqueólogos de aquéllos (y de todos) los
tiempos. Ese mismo año lo publiqué con un amigo mío, Alfonso Moure, más o menos
de mi misma edad, en “Ampurias”, revista de Arqueología de la Universidad de
Barcelona. Envié algunos ejemplares de esa publicación a mis familiares y
amigos, entre ellos a Rafael Hernando Luna…”. Como creador Luis Javier ha
realizado más de un millón de fotos, unas miles expuestas en Facebook, y ha estimulado
la creación en personalidades como Ignacio Gómez de Liaño, autor de “Los juegos
del Sacromonte” (1975). Pero ni aquí se acabarán sus interrogantes, ni se
cerrará ese periplo que habría de regresar a tan ocupado estudioso hasta sus
orígenes: “Tengo dos tías, una hermana de mi padre y otra de mi madre que viven
en Peñarroya-Pueblonuevo, en realidad y como se dice en casa en Pueblonuevo,
una con muchos hijos y nietos y la otra en una residencia. Hace muchos años que
no voy por allí aunque me invitan a menudo, la última que estuve fue para
participar en un congreso que había organizado una prima hermana mía viviendo
yo en Roma…”.
Ahora le toca estar nuevamente en Beirut, allí se le
podrá ver despachando con individuos e instituciones, hablando de las películas
de Almodóvar en la televisión, presentando las tendencias de la moda española
en un zoco, presidiendo la presentación de un libro, etc.: “La semana pasada
hemos tenido un encuentro con Tomás Alcoverro en el Instituto Cervantes de
Beirut, presentábamos su tercer volumen de crónicas de Oriente Medio, o Próximo
si lo preferís, que para quienes estamos ahora en ese Oriente no nos resulta ni
Próximo, ni Medio, ni Oriente. La historia bajo su balcón. Leyó una crónica
recogida en ese libro, la de una Alhambra enorme y a medio hacer que se
encuentra en medio del Chouf, todos quisimos ir a ese lugar invisible y real y
ahí recordé a Quiñonero, quien forma con Alcoverro una pareja única y
extraordinaria que es la de los supervivientes de la Gran Escuela de
periodistas y escritores de lengua española. Ambos en activo, uno en París, y
el otro en Beirut, ambos necesarios, dos columnas “Retrato improvisado de Tomás
Alcoverro” y “Blog de Juan Pedro Piñonero”, noviembre de 2011...”. El Líbano tose
cuando Siria o Israel se resfrían y desde hace tiempo se asiste a una
degradación de su economía, de los derechos humanos y de cualquier otra conquista
social. La situación en Oriente Medio es delicada, como subraya en sus crónicas
Tomás Alcoverro y es en estas circunstancias en las que el Director del
Instituto Cervantes tiene que trabajar. Nadie que no lleve la pasión en los
ojos, la marca del emigrante, o las vetas del carbón, podría saber lo que se
encierra en una sociedad tan oscura y entrañable: “Te agradezco el interés que
sientes por mí, pues viene desde la más remota infancia, que es la verdadera
patria que cada uno de nosotros tiene y desde el común exilio, uno más estable que
es el tuyo según me dices y el otro, más inestable y sometido a los vientos y
los caprichos de Neptuno. Querido condiscípulo: Aquí un amigo, para lo que
quieras disponer…”.
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 Noticia redactada por :  José Alonso Ballester
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