Publicado el 19 de Enero de 2017, Jueves Lourdes Paredes Cuellas
Sociedad - En
ocasiones es común encontrarse con stands en los que se ofrece una tarjeta de
crédito de algún banco y se dan todas las facilidades. Siempre hay quien
encuentra que tener una nueva tarjeta de crédito es algo positivo, por mucho
que sepamos que son una herramienta que conlleva sus peligros si no se usa con
precaución.
Las
tarjetas estimulan la tentación de gastar de más porque no crean la misma
sensación de valor que los billetes. Es mucho más sencillo afrontar un pago con
tarjeta que sacar de la cartera un montón de dinero en efectivo.
Esto
provoca que el gasto acumulado sea mayor, y consiguientemente, que los
intereses vayan aumentando. Y ahí es donde está el gran peligro, porque el pago
de una cuota fija nos hace creer que siempre estamos pagando lo mismo, cuando
en realidad la deuda crece y crece.
Las
tarjetas son una especie de trampa psicológica, un auto engaño con el que nos
permitimos gastar más allá de lo aconsejable por nuestra situación económica.
De hecho,
son innumerables los casos de personas que han acabado en la bancarrota por no
llevar un control adecuado de los gastos cargados a su tarjeta. Pagar el mínimo
y gastar siempre por encima de dicha cantidad tiene como consecuencia crear un
agujero que luego resulta virtualmente imposible de cubrir.
¿Hay que evitar las tarjetas?
Las
tarjetas de crédito no son para todo el mundo. No es necesario evitarlas si se
es capaz de mantener un estricto control y se va saldando la deuda sin hacer
nuevos gastos. Pero si no se tiene la suficiente fuerza de voluntad, y la
tentación de usarlas es demasiado alta, es mejor romperlas y buscar otra
alternativa.
Los microcréditos, por ejemplo, son una forma de llevar un control mucho
más estricto, ya que los pagos han de liquidarse a 30 días y no puede
solicitarse otro hasta no haber sido saldado el anterior.
De este
modo, quienes tienen tendencia a gastar con la tarjeta sin control alguno,
pueden dar solución a ese grave problema, ya que no tendrán más remedio que
devolver el dinero para poder disponer de crédito nuevamente. Una estrategia
que elimina la posibilidad de incurrir en grandes deudas que sean imposibles de
pagar con el paso del tiempo.
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