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Cultura
Hoy es Viernes, 20 de Septiembre de 2019
POR J.J.CABALLERO
DESDE EL JERGÓN
Publicado el 16 de Julio de 2019, Martes

Cultura -

Comencemos con interrogaciones retóricas: ¿Fue antes el dicho o el hecho, el lecho o el cohecho, el maltrecho o el contrahecho? No, no se esfuercen en responderlas, ni siquiera en reponerlas. La clave está en dejar de comprenderlas para que cobren pleno sentido. La civilización tiene estas cosas, que uno piensa que confundir la evolución con la historia a secas es un acto consumado cuando en verdad es consumido. La retahíla de deseos y malos refranes dejó ya de servirnos en el día a día, y ahora nos guiamos por esas preguntas a las que me refería al principio. El concepto holístico del mundo debería resultarnos válido a estas alturas, cuando el poder caduca cada día para renovarse al siguiente con un nuevo disfraz y engaños de urgencia que nos asistan. Si las paredes pandean y amenazan con otro colapso habrá que huir de la casa en ruinas. Hay una cueva a la vuelta de la esquina, que nadie se alarme.

A estos predios, sin luz ni estrellas ni ruedas ni caminos, nos hemos visto abocados sin escuchar la voz del amo. Lo hay, se escabulle, se resiste a desaparecer y nos observa en lontananza, a la distancia adecuada para hacerse notar y atenazarnos con las garras de la indiferencia. A él le sirve, nosotros servimos y ellos no, desabridos como frutas caducadas y llenas de gusanos. En el pecado está la penitencia y en el prelado la petulancia. Hay no obstante un refugio, una piedra pintada de rojo en forma de hígado que nos indica el camino, aunque ignoramos si es el bueno. El clavo helado al que aferrarse, justo antes de entrar en ebullición y abastecer de esperanza al próximo decepcionado. Será mejor no escapar, será peor no escarbar, dará lo mismo especular. Sigamos con preguntas irresponsables: ¿Y si antes de opinar desnudamos la mente, y si después de pensar huimos de repente? Decir lo que hay que hacer y largarse por la puerta de servicio. Nadie se da cuenta de lo laxo de nuestro discurso, todos miran en la dirección equivocada y evitan abrir el siguiente paréntesis que sentencie lo que otros dictaron. No hay mucho que temer, sabemos asumirlo con gallardía.

Otra opción cada vez más extendida es retirarse a una yurta y vivir de las bondades de la naturaleza. Las extrañas razones que conducen a los seres humanos a hablar consigo mismos sin escucharse ni durante un segundo escapan a lo razonable, pero la eclosión del egoísmo milimétricamente programado para proyectar la imagen, buena o mala, de uno mismo y revertirla a placer es algo que debería preocupar a propios y extraños. Una exhortación al individualismo, una expiación del egocentrismo y una explicación al conformismo. Poco a poco y de manera sibilina han ido fagocitando todos los restos de autoestima y nos han insertado un chip de observación intrauterina para que no se les escape ni un solo detalle. Ahora les pertenecemos y nos hacen comprar la bandera y la pandereta. Sí, para bailar a su son y balar con su clon. Lo que no saben es que las horas nos hacen más fuertes y los minutos más seguros, y nuestra fe no moverá sus montañas como ayer. La voluntad hercúlea para enfrentar su ímpetu coercitivo, el tesón impenitente para confrontar su ánimo vomitivo y la inoperancia de los palos en las ruedas.

Me acabo de dar cuenta de que la esquina de mi calle dibuja en el aire una bisectriz perfecta que divida los diferentes ámbitos de acción. En una dimensión paralela esto sería una traslación, algo así como la ilusión imperfecta de vidas inexistentes en esta. Coincidiendo aquí y conviviendo allí. Comandando allá y colapsando acá. No se sabe qué pueden venir a hacer a una tierra yerma y desesperanzada, donde esperamos el nutricio arcángel que nos salve de la debacle. Que nos devora la galbana y no somos conscientes de la nada que nos acecha. Amaneceres níveos de viento y fuego, enrabietados en el lecho ante la perspectiva de otra historia igual que la anterior. El trasunto es otra cosa, es pararse a reflexionar por qué las reflexiones nunca paran de girar. Giro y estiro. Tiro y suspiro. Gimnasia emocional para tiempos aprensivos.

Al irse a dormir, en el priápico apogeo de la añoranza, una miríada de pequeños planetas rocosos e informes se asoma a la pantalla exterior. Junto a ellos surge una voz, un grito desesperado que incita a la revolución, una sangría silenciosa y sigilosa que deforme la rabia y la transforme en grito de orgullo. Como todo lo que he malpensado antes, todo es -otra vez- pura ilusión.

Disco del mes: Bobby Oroza - This love

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