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Cultura
Hoy es Viernes, 20 de Septiembre de 2019
POR J.J.CABALLERO
DESDE EL JERGÓN
Publicado el 15 de Febrero de 2019, Viernes

Cultura -

Al festín acudimos con cierta hambre. Los días anteriores habían sido duros, llenos de carencias y con los frugales alimentos en cordadas mal dispuestas en la despensa. En la inmunda luz del atardecer nos miramos durante apenas un par de segundos y acabamos sumidos en nuestro propio esqueleto de batracio, apesadumbrados por tanta luz que aún nos quedaba por descubrir. A otros no les hubiese importado seguir la marcha sin rumbo, teniendo en cuenta solo el de sus pensamientos y llegando a parajes desprovistos de alma. Sin armas. Sin calmas. Sin magmas. Con pleno derecho a equivocarse, como cuando echas la vista atrás y descubres de repente que has ganado el tiempo que pensaste perder hace una eternidad. Estuvimos a punto de resquebrajarnos y sin embargo todos, aun antes de fenecer, albergamos y mantuvimos la esperanza repentina de quien se sabe inmune a la desazón futura. Sabíamos que lo conseguiríamos.

Mamandurrias trimestrales. Sinsentidos comunes al menos común de los sentidos. Organizaciones que desorganizan órganos. Mantras repetidos en repentinos cantos de piedad. Selección natural. Colación habitual. Sacamos los trapos limpios cuando todavía no sabemos cuándo los podremos volver a ensuciar. Al final todo encaja en las cajas del final. Al mirar solo vemos lo que merecemos ver. Había un ejército de raposas dispuestas a esquivar la bruma desde el otero y atisbar el olor de nuestra sangre. No hay comida suficiente para homenajear a los vencedores, ni a los vencidos redención bastante que les anule el porvenir. Saludemos al sol. Despidamos al son. Sepamos quiénes mandan. Ignoremos quiénes obedecen. Dando mandobles con los arrequives correspondientes, enrabietados pero llenos de rabia. Encasillados por el enjaretado. Endiosados por el enajenado. Envidiados por el emulsionado. A lomos de acémilas que alivien el dormido paso. Con el aditamento del tormento y el aprovisionamiento del momento. Sin afanes pecuniarios que nos guíen mal en mitad del camino. No debemos ni temer lo que por inesperado nos espera tras la esperanza dormida. No estamos dispuestos a aguardar más de lo debido, si no es indispuestos a guardar menos de lo cogido. A veces lo normal es alejarse, no volver al tiempo en que dos veces fuiste feliz recogiendo plantas fragantes, transportarse como quien da un refresco y no espera más que la libertad que le otorga su propia condición humana.

No volveremos a ser fagocitados. El fogonazo entre las nubes no es sino el antes del presagio. Solo lo adivinamos, puede que hasta con el máximo esfuerzo descifremos lo que nos quiere decir, pero no pudimos encender la pantalla de turno al despertar y nos cortaron el aliento que nos une al mundo real. Solo sabemos ser a través del estar. Hacer por el poder. Soñar por el desear. Infinitivos infinitos finiquitados al encabritar lo que hay tras la puerta interior. Se avecinan nuevas tempestades en el umbral de los recuerdos. Necesitamos vivir un poco cada día y tratar a los animales de sangre fría como si fueran patricios romanos. Eran otros y no los supimos ver. Fueron ellos y no los quisimos vencer. Serán los mismos y no los podremos convencer. Que nuevas deidades se apiaden de los que aún creen.

Cada constructo con el que articular una nueva teoría halla otra y repetida trabazón, para que el concepto apriorístico no llegue nunca a desarrollarse en el cuerpo práctico. Eso no impide que miremos jactanciosos por encima del codo a los ciegos de corazón, los que no saben ahogarse en las penas y tienen hijos no concebidos para dormir tranquilos. No se entiende el mégano detrás de lo que se escribe sin el apoyo de frases mucho más cercanas a la realidad. ¿Imaginan que tuviéramos algo en lo que creer de verdad, y sobre todo sin que nadie nos diga que debemos hacerlo? Desopilante. Francamente risible. Por poder, se puede. Solo hace falta que aparezca el culpable. Ambiciosos aprendices de calafate incapaces de aprender a calafatear cualquier ambición. Otra mano de pintura, por favor.

Vuelvan a sus puestos. Desde aquí no se observa ya nada bueno. La belleza está en la búsqueda y en el intento la verdad. Cuando lleguen al final, si han conseguido desenmascarar las mentiras que yacen bajo la superficie, podrán dar paso al desconcierto que nos acechaba desde el inicio. Y si les dan permiso, contarlo como si les fuera la misma vida en ello.


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