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Opinión
Hoy es Lunes, 10 de Diciembre de 2018
POR FÉLIX SUÁREZ
LA PARADOJA DEL DISCURSO DE LAS MINORÍAS
Publicado el 16 de Octubre de 2018, Martes

Opinión -

Llevamos décadas con sucesivos discursos orientados a minorías: por origen, sexo, religión, raza y cualquier otra clasificación con la que se gane dinero (vendiendo noticias y productos) o poder (captando votos). Si me paro a poner ejemplos, podía escribir no un artículo, sino un libro entero y de los gordos.

 

En el fondo, todos formamos parte de alguna minoría: los nacionalismos, se agarran a supuestas minorías nacionales; otras veces, esas minorías pueden ser por orientación sexual (LGBTQ et alii); por razón de sexo (hombres y mujeres); por razón de edad (pensionistas y trabajadores en activo, adultos y menores); por origen (nativos y extranjeros), etc. Lo curioso es que a todos estos colectivos les venden, individualmente, que por hache o por be son distintos y especiales. Unas veces, cuando consiste en sacar dinero, se les dora la píldora vendiéndoles productos específicos y exclusivos, fomentando su gasto y su consumo; otras, se les dice que son víctimas de tropelías y abusos parte "del resto", de "la mayoría", y que se merecen algo mucho mejor, eso se produce cuando lo que se buscan son votos y poder político. 

 

Pero como ya he dicho, TODO EL MUNDO ES PARTE, VA A SER PARTE O HA SIDO PARTE de una de esas supuestas minorías. He ahí la paradoja, que las minorías no son tales, si acaso, minoría como tal, es la oligarquía, ese 1% más rico que los demás que acapara la mayor parte de la riqueza. El resto tiene en común muchas cosas: apuros para llegar a fin de mes, dificultades en el acceso a vivienda y empleo, degradación de los servicios públicos, explotación laboral, acceso desigual al reparto de derechos y deberes (ya sabemos que los ricos escurren el bulto de los deberes y pueden hacer efectivos todos los derechos). 

 

Sin embargo, el sistema en el que vivimos nos convence de que somos parte de minorías y de que el resto son mayoría. Mentira, simple y llanamente, pero esa mentira, esa configuración de la mentalidad colectiva para que nos encuadremos en esas falsas minorías, es el germen de nuestra debilidad frente al poder, es una forma de extraño individualismo colectivo, de tal manera, que si un colectivo de estos supuestos minoritarios quiere mejorar su situación, no lo hace si no a costa de sus semejantes. Pongo un ejemplo y que no se me enfaden los pensionistas que culpa no tienen. Si los pensionistas reclaman la subida de las pensiones (porque como los trabajadores en activo se las ven moradas para llegar a fin de mes) esa subida de las pensiones se hará a costa de las cotizaciones de los que hoy trabajan y por ello, según la lógica del sistema (injusto y ladrón por naturaleza) lo más fácil es que se traduzca en una pérdida de poder adquisitivo, en decir, en una bajada de salarios, porque a ver quién es el empresario que está dispuesto a pagar en salario neto lo mismo y subir al tiempo las cotizaciones. Y conste, servidor está más que a favor de que las pensiones suban y se mantenga un sistema público y viable, porque aunque tengo 40, en 27 años aspiro a jubilarme, y no quiero morirme de pena el día que me llegue la hora de cobrar la pensión. Pero es que uno, no quiere desvestir al pobre para medio vestir a otro pobre, paso de discurso de minorías, por eso lo que sería lógico es que las cargas de un sistema de pensiones viable (y de cualquier prestación social) recaigan en ese 1% más rico de la población, que son los que no tienen nunca problemas ni de acceso a la vivienda, a los servicios públicos, al empleo o rentas, al disfrute de derechos y a escaparse de los deberes. O lo que es lo mismo: no desvestir a un santo pobre, para vestir a otro igual de pobre, que es lo que se viene haciendo por norma porque al 1% privilegiado eso le ha venido siempre de perlas.

 

He ahí la perversión del discurso de minorías: le quitan a quien está con apuros, para darle a otros igualmente apurados (que por ese motivo se encabronan, pero sin ver realmente quién es el auténtico culpable), al tiempo que mantienen divididas e infantilizadas a las mayorías perjudicadas, a ese 99% que (con matices) no dada en la abundancia, para que no se echen encima del 1% restante que es el que maneja los hilos de la economía y del poder político.

 

Por tanto, damas y caballeros de ese 1% más rico, mi enhorabuena, son astutos, crueles, carentes de sensibilidad, empatía y sin vergüenza ninguna, pero su plan funciona a la perfección haciendo creer a la mayoría que son minorías, cuando la única minoría que hay aquí, son ustedes. Así pues, un servidor, mientras que no se haga algo para deponerlos de su posición privilegio (gentes del 1%), va a pasar de su engaños de minorías ficticias, no uno, sino siete pueblos. A otro perro con ese hueso. 

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