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Cultura
Hoy es Viernes, 19 de Octubre de 2018
POR J.J.CABALLERO
DESDE EL JERGÓN
Publicado el 13 de Septiembre de 2018, Jueves

Cultura -

Son muchos los aspirantes y pocos los elegidos. Cuántas veces hemos escuchado el sinsentido de turno a las puertas de cualquier gran logro. Al llegar a la costa y toparnos con el primer bañista en paños mayores preguntamos a qué arenas hemos dado a parar nuestros huesos. Tal es la ignorancia en una navegación cierta y llena de turbulencias. Como un pirata medio cojo y con dos parches en cada ojo, solo nos sirve la pata de palo para caminar a tientas por unas lindes ya sin limitar, para que a trancas y troncos y barrancas y barrancos se haga la santa voluntad de la manada. De cuerdos sin adoctrinar. De arrebatos sin controlar. De miserias sin emporcar. De misterios sin averiguar. De diferencias sin acortar. De todo el mundo. De aquí y de allá. Hacia ninguna parte y a salvo de todo.

Las reses semovientes que atisban la nueva tormenta mugen y barruntan una nueva derrota. El destino, capital de todos los caminos, se revuelve en la tumba de los que aún no han perecido y decide por todos y cada uno de nosotros. Cuando no puedes hacer nada, todo es suficiente para continuar. A veces resulta tan abstruso que ni tus propias palabras pueden aclararte cuál es la solución menos trágica. Acudir al teatro con una máscara que oculte tu papel en la función. Salvar la distancia más corta a saltos de mata con el futuro. Sortear el dulce obstáculo de tus creencias y dar pábulo a la inconsciencia más esclarecedora. Clarear y aclarar. Clarificar y clasificar. Concluir y conculcar. Inculcar e incubar. La agonía ha llegado al barrio, háganla declarar. De arriba abajo. De todos y de nadie. Hacia la salida y perdidos.

Es una sinfonía agridulce en la que perderse es poco menos que un delito. La tranquilidad solo se alcanza cuando el tiempo da su veredicto sobre el terror que nos acecha. No es que tema no perecer en el intento, sino que aguardo el momento de parecer solo un momento, que lo del ser y el estar es mejor dejarlo para las canciones. Las de amor no, esas ya no visten de azúcar la realidad; las de vida, que hacen que los belfos capaces de chillar a doble labio se disfracen y osen cambiar el rumbo de un mundo que deriva hacia la hecatombe. Yo, tú, ellos, aquél, podemos ser quienes una vez fuimos. Estamos hechos de otra laya. No podemos olvidar que el olvido se olvidó de olvidarnos a tiempo, y eso nos hizo menos olvidadizos. De lado a lado. De mañana y ayer. Hacia dónde y hasta cuándo.

Un caballo desbocado que deja sin aliento al palafrenero. Unas migas de pan en el desierto. Un idiota que cree ser dios. Un sindiós y un sinsabor. Sabremos dónde está la salida anunciada y cuándo hemos de parar toda esta masacre. A las armas por la puerta de servicio. Ser vicio de muchos no significa llegar a un acuerdo. A cuerdo y a orate, démosle cuerda al menoscabo. Menos cabos y más capitanes, pero sin uniformes ni banderas pasadas de muda. Demudados y desnudos, las torres votivas que una vez nos hicieron partícipes de su fe se empiezan a derrumbar sobre nuestras cabezas, pobres testigos de una anti revolución anunciada. Las plegarias ya no sirven. Las palabras son cansancio y los ángeles no tienen hélices. De madres a hijos. De alguien y de nada. Hacia el infinito y más acá.

Si alguien sabe de un remedio astringente, de esos que no deja poso y apenas raspa el paladar, puede enviarlo a una dirección inexistente. Antes vivía allí solo de paso, caminando hacia las alturas y descendiendo a los avernos con una frecuencia irregular. Ahora llegó la hora del armisticio momentáneo, acordado solo para tomar aliento y reposar y repasar las virtudes del guerrero y revisar y rebasar la lista de las bajas previstas. Gritos de desaliento. Ritos de derrumbamiento. Pitos de desconcierto. El silencio lacerante ha de ser cubierto con poemas y salves de libertad. No es nostalgia ni añoranza salvaje, es un ascua de fe que ni los siglos pesados han sido capaces de sepultar. No acudan a la cita con regalos inservibles o puños gastados. De derecha a izquierda. De dimes y diretes. Hacia el abismo y sin red.

No pienso quedarme sin metas ni la comezón que el no alcanzarlas me causa a cada almohada sudada. Si acudo sin bien alguno a la próxima almoneda revenderé los muebles que salvé del último incendio. Espero el siguiente con el hígado abierto y la puerta entornada. He comprado entradas para un musical sin orquesta, no espero que me devuelvan el dinero. Me conformo con que no me quiten lo que sin duda perderé con todo el orgullo que fui capaz de atesorar.


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