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Opinión
Hoy es Martes, 11 de Diciembre de 2018
POR FÉLIX SUÁREZ ESCOBAR
HOY TOCA HEREJÍAS
Publicado el 18 de Diciembre de 2017, Lunes

Opinión -

Sí, soy un hereje de la izquierda. Y lo soy por varias razones que a continuación paso a enumerar, aunque haya algunas más.

Primera: siendo marxista, en el caso particular de España, aun prefiriendo la república, si la monarquía se reforma y no pone trabas a lo que de verdad importa (tener un país donde se pueda vivir en condiciones) no me parece algo vital el tema de monarquía o república, aunque a nivel de debate sea interesante. Vamos a ver, si Noruega es el país con el índice de desarrollo humano de la ONU número uno y es una monarquía, se demuestra que tener rey o presidente de la república es algo poco relevante en el fondo. Eso sí, para mí el rey o la reina no debe ser  totalmente inmune ante la ley: delitos comunes y de tipo económico podrán serle imputados si existen (como es lógico) pruebas de delito y, respecto a los tres ejércitos, se acabó tener una escala propia dentro de las Fuerzas Armadas: tendrá el heredero o heredera el rango que le corresponda según promoción y méritos, por lo menos hasta que llegue al trono, a lo que sumaría que se le confirmara en su cargo en la jefatura del estado por referendo y, de paso, que dejasen de educarse en la escuela privada y fueran a la pública, como la mayoría, para que así conozcan al pueblo llano, que creo les vendría de perlas. A mi juicio son cosas de lógica.

Segunda: no creo en un estado federal plurinacional, ni creo que sea buena idea. La historia nos enseña que ese tipo de ensayos tienden a acabar mal. Alemania es una república federal, cierto (como Méjico, Argentina o los Estados Unidos de América), pero la nacionalidad y la existencia de la nación alemana como única en el estado es reconocida y básica, aquí no se haría eso, podemos apostar por ello sabiendo como somos y como nos va con las autonomías, y nos podemos encontrar con 17 nacionalidades distintas, eso no haría si no reforzar la desunión interna entre los españoles y empeorar la gestión que ya de por sí es mala, máxime en situaciones de crisis económica o institucional donde cada cual barre para casa como bien nos están demostrando los nacionalistas catalanes con su lema de "España nos roba". Para los que ya teníamos uso de razón en los noventa queda bien patente el caso yugoslavo: crisis económica y las repúblicas más ricas queriendo separarse del resto, al final guerra civil, crímenes de guerra y contra la humanidad. Mismo caso -respecto al separatismo- se vive hoy en Bélgica, donde Valonia (la región francófona del país y que fue la que tradicionalmente era más rica y hoy la pobre) quiere mantener la unidad nacional mientras Flandes (ahora la más rica) lo que quiere es la independencia y ve a Valonia como una lastre. En la antigua URSS pasó algo similar: en plena crisis sistémica en vez de mantener la unidad decidieron tirar cada cual por su lado, el resultado fueron guerras, migraciones forzadas y una crisis económica de la cual hay repúblicas que no se han recuperado ni lo harán, caso de Ucrania, que anda de guerra civil a costa del nacionalismo ucraniano que veía con malos ojos a la otra mitad del país, de etnia rusa, aunque entre rusos y ucranianos no hay sustanciales diferencias en el fondo, como no las había entre bosnios, serbios y croatas.  Y como no las hay entre los españoles. También resaltemos que en este desgraciado mundo globalizado ya nos torean bastante y divididos a los españoles nos iban a torear más todavía. No hace falta ahondar en la diversidad, en lo diferente, si no en lo común, cosa que un estado federal y republicano aquí  al final no haría (como no lo hace el de las autonomías y el vicio sería difícil de quitar), como no lo hizo durante la Primera República que acabó en una guerra civil, con otra en Cuba, con el general Pavía dando un golpe de estado y con el regreso de los Borbones al trono, a todo esto en medio de la peor crisis económica del siglo XIX. 

Tercera: no entiendo por qué en cada acto de la izquierda, sea de lo que sea, hay que sacar el tema del género. De verdad que no. Si se va a hablar de infraestructuras, corrupción, urbanismo o qué se yo ¿A que viene el tema del género cuando se va a tratar de cosas que afectan al conjunto de la población más allá de cualquier otra consideración? Es como si a la izquierda le faltase algo si no sacara el tema, como si no le echase azafrán a las comidas, aunque haya comidas que no tengan necesariamente que llevar azafrán. No lo entiendo, a mí que me lo expliquen. Sería como meter, pongamos, Matemáticas en todas las demás materias de enseñanza porque hay que incluirlas por decreto de consejería (¿Se imaginan una clase de Lengua haciendo comentarios de texto o de Geografía después de llevar una hora con el relieve de la Península para acabar haciendo raíces cuadradas los 15 minutos del final y así a diario?). Pero esta repetición continua y sistemática de esta temática concreta cuando no tiene relación clara y directa con la materia que se trata no sé a ustedes, damas y caballeros, pero a mi ya me satura. Como saturó a los norteamericanos la caza de comunistas del Macarthismo, donde se veían comunistas por todas partes, se hablaba de la amenaza interna del comunismo a todas horas, de que había quintacolumnistas hasta debajo de las piedras y al final se demostró que los únicos comunistas que había en el país eran los de la embajada de la URSS en Washington. 

Como ven, hay cosas que no me cuadran, a las que no les encuentro sentido y a veces tampoco les veo utilidad -pero sobre las que se está incidiendo mucho- y, lo que me parece más triste para la izquierda, es que la mayoría de la gente, sus potenciales votantes y seguidores incluidos, muy posiblemente tampoco le ven la lógica práctica (creo que sólo se la ve feligresía habitual y los acérrimos) y entonces lo que viene es la cuesta abajo, la desafección popular y dejar al bipartito y a sus aliados donde están: dirigiendo el país para beneficio de unas cuantas personas en perjuicio del resto. Allá quienes dirigen las estrategias, que el que avisa no es traidor, aunque se me tache de hereje y se me quiera -en ocasiones- hacer arder en la pira del descrédito y el ostracismo, cual Miguel Servet, pero sin curas ni antorchas, en algo -menos mal- se ha mejorado.

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