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Cultura
Hoy es Jueves, 23 de Septiembre de 2021
EL JERGON
Publicado el 17 de Agosto de 2021, Martes

J.J. Caballero

Cultura -

La música aplaca a la fiera interior, cuando la feria de fuera se esfuerza por imponer su dura ley del ruido. En mayores silencios se han dilucidado cuestiones básicas para la supervivencia, sin estar demasiado convencidos de que al llegar el dilúculo de turno los cerebros se apurasen para concluir algo mínimamente digerible por el ser humano. Los sones de trompetas, las líneas de piano, las codas de violines se aprisionan y se pisan los finales de líneas armónicas para entablar otras conversaciones en las que encontrar un nuevo método de salvación. Solo nos podemos recrear en el sicote que ensucia la charla, en el mundo paralelo que reinicia y reubica al presente. Reyes de una colonia menor.

                Los estudios dasonómicos enfrentan a los vientos que pugnan por conquistar las cumbres. Entretanto, con la entereza de saberse inferiores, el coro de ángeles y el eco de demonios enraízan y enconan esfuerzos para imponer su santa voluntad. Sálvese quien quiera. Sórbase quien pueda. Sírvase quien sepa. Imponer nuevas leyes que dejen obsoletas a las futuras parece ser la prioridad, y el colchón ya está preparado para que cualquiera pueda pisotear los derechos del vecino. Que se acostumbren, gritarán. Que se apesadumbren, clamarán. Que los derrumben, proclamarán. Y la marca de la eternidad, la que es más indeleble cuanto más atrás se remonten en el tiempo, será la mejor aliada de nuestra memoria. Príncipes de una comunidad mayor.

                Los bodones entre los bosques delatan que las nubes aún están lejos, y que la lluvia hará lo que tenga que hacer cuando se reclamen sus servicios. Ser vicio púbico y desperdicio público. Publico lo que no ubico. Rubrico aquello que suplico. No hay pihuela que valga, ni ala que ahuecar cuando se trata de preservar la especie. De esas sabemos poco, aunque hablemos mucho. Demasiado y a destiempo, diríase sin vergüenza. A los hechos me remiso y a los techos me remito. Mientras haya lenguas que se buscan en el lazo etéreo del porvenir no habrá objeciones ni vejaciones que puedan enmudecerlas. Ni secar su humedad perenne. Que no nos falten las ganas de seguir diciendo cosas, ni de transmitirlas a generaciones antiguas que se reencarnan en portentosas esperanzas. Eran grandes al principio, orgullosas y frescas, pero hoy son vestigios sin prestigio ni litigio. La pena no es esa, sino que también serán víctimas de otro tsunami inesperado que les haga agachar la cabeza otra vez. Princesas en un feudo anterior.

                Observen las cascarrias que acompañan nuestros pasos, bajo un sol de injusticia y un rol de presbicia que nos cansa la vista y nubla la visión. Lo de observar ya es menos sencillo, tan habituados que estamos a asentir sin sentir y a disculpar sin pecar ni pescar nada a cambio. A río revuelto, tenencia de estafadores. Lean las adendas y fijen las agendas para enterarse de cómo el mercado se hizo dueño y señor de todas las haciendas hace tanto tiempo que ni nos dimos cuenta de dónde hemos estado realmente todo este tiempo. Elijan a dedo las deudas y adeuden a credo las cuentas. Nada de lo que digan podrá ser usado en su contra. Al contrario, todo deberá ser reciclado en pro de la verdad. Ver y dar, y esperar para recibir. No lucen efélides en el cuello de los bronceados de nueva generación, ni ocultan réspedes las bocas de los agraciados de vieja educación, para que luego digan que el mundo es de los jóvenes. Lo será, en todo caso, pero solo por pura matemática inútil. Infantes en un reino superior.

                No es ningún espantagustos quien asegura estar en cualquier falta de posesión. Ni material ni espiritual. Ni ancestral ni paternal. No se hizo la miel para desasnar malos paladares, trasijados de tanto trasiego sin ahijados ni apego al que aludir. Son cojijos infames, que no nos falle la memoria ni la fotografía del cielo que tomamos la primera vez que pudimos salir al aire que nos faltaba. Para zaherir hay que saber, no simplemente poder, ya se sabe. Y si no se sabe se intuye que lo único que nos falta para ser completamente inútiles es ignorarnos a nosotros mismos. Que luego salga el sol por donde la luna debe ocultarse es algo que se nos escapa como hecho físico o necesidad fisiológica. De esas también hay muchas, y alguna más urgente que otra, y en su carencia nacen gran parte de los problemas que nos acucian. A unas más que a otros, si se permite la generosidad genérica.

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