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Opinión
Hoy es Viernes, 05 de Marzo de 2021
Desde el Jergón
Publicado el 17 de Enero de 2021, Domingo

J.J. Caballero

Opinión -

Ahora sí pero después no. Mañana tampoco y la semana que viene dios dirá. Cuando hable el siguiente pasará a la acción el primero. Por la cola empiezan, por el principio terminan. Es el abecé nuestro de cada día, el único que deletreamos antes de que nos vuelvan a engañar como niños. El tono melifluo de las conversaciones y los errores implícitos en cada consigna nos harán un poco mejores cada tarde, como si los nubarrones no fueran más que una tormenta de arena en medio de un paisaje glacial. Esclavos hoy, sumisos ayer, libres nunca. Las batallas se ganan en el campo adecuado, acabando hechos una piltrafa y deseando ver ponerse el sol antes de que el sudor nos empañe la mirada y el cerebro nos estalle dentro del cráneo. Sí, todo parece derrumbarse, pero no estamos aquí para ver cómo hemos malgastado tantos meses y nos han destruido casi por completo, sino para saber quién, dónde y por qué lo ha hecho. La tormenta que anuncia el cielo no acaba de llegar, y eso no se sabe si es bueno o malo.

Hay que leerles la cartilla y repasarles el testamento. Ponerlos cara a la pared y hacerlos pagar por todo sin tocarles ni un dedo. Solo con libros de historia sobre los hombros y restos de memoria entre los brazos. Los abrazos que no les queremos dar. Los trazos que no sabemos dibujar. La pareidolia es prima hermana de nuestras visiones y madre putativa del rencor acumulado. No está bien, no se percibe nada bajo ese prisma, pero tampoco nacimos para ser devorados por nuestra propia codicia. Quien más quiere no es quien más tiene. Quien más recibe siempre es quien menos ofrece. Quienes saben impetrar no son los mismos a los que intentaron mancillar. Y al final de todo esto aún no sabemos quiénes van a quedar, si es que alguien fuese capaz de plantearse las dudas correctas. Servir y procrear. Mover y perecer en el intento. Siempre parece el momento de aprovechar el momento y en este zoo disfuncional ya no hay pozos sin fondo, solo gente que no sabe nadar. Lo de guardar la ropa y congelar la comida para mañana ya ni se contempla.

                A los atarantados que hierven en el interior solo se les puede poner una pega. No saben, ni tampoco lo ignoran, que una vez el fuego los devore sus cenizas no serán sino el alimento para los que vengan detrás. Es como un pálido punto azul, de trayectoria circular, que en un pensamiento errático intenta fijar una idea sin éxito en el centro de los deseos. De eso y de lo otro, de aquello y de aquí, de esto y de lo demás. De todo un poco y un poco para todos. No era tan difícil descubrir la fórmula de la sabiduría, aunque no llegase a fructificar, como ya es habitual. Sin embargo, toparse con adamantes a ambos lados de la vida misma solo necesita de un par de ojos y la inteligencia necesaria para reconocerlos. No como lo que son, sino como lo que podrían ser. No como lo que fueron, sino como lo que serán. No como yo, ni como él, sino como ella o los de ahí arriba. Ya ha quedado dicho, y la repetición solo puede conducir al hastío. Si seguimos siendo tan incuriosos y transformamos la dejadez momentánea en vejez inexorable no obtendremos más que migajas. El pan está ya podrido, guárdenlo en la bolsa del pescado y arrójenlo al mar.

                Cada vez que un alófono se inmiscuye en el discurso nos sentimos desprovistos de la autoridad suficiente para combatirlo. Y la mejor forma es entenderlo, saber lo que dice y ser capaz de responder con cuidado y honestidad. Es la equidad y no la igualdad. Es el resolver y no el revolver. Son las manos y no los labios. El cuerpo del revés y la mala baba en la comisura de los labios. Las levantiscas que nos sacuden y acuden a levantarnos de la cama pensando en volver a ella en cuanto sea oportuno. Los buenos deseos de un año que termina puestos en solfa por quienes los formularon en nuestro lugar. No hay autoridad que valga ni uniformes que respetar, a tamaños epulones no se les debe poner el tercer plato para que lo devoren sin preguntar su procedencia ni tener en cuenta el punto de cocción. Seamos cortoplacistas para que cualquier cosa sea pospuesta en el sitio que le corresponde. Las prisas no son buenas y las risas matan penas. O eso al menos quisiéramos.

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